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Contrariamente a lo que sucedía hasta hace algunas décadas, hablar de cáncer ya no es sinónimo de muerte. El esfuerzo de científicos de todo el mundo ha contribuido a conocer la evolución de esta enfermedad y a crear métodos más efectivos para su tratamiento pero, sobre todo, ha ayudado a establecer programas preventivos que evitan su surgimiento y frenan su evolución cuando se detecta en etapas tempranas. Lo paradójico de este hecho es que uno de los tipos de cáncer o neoplasia que puede identificarse y atenderse con mayor facilidad, el cérvicouterino (del cérvix o cuello del útero o matriz), es uno de los padecimientos más frecuentes en la población femenina mexicana y ocupa el primer lugar como causa de muerte en personas de este género cuya edad oscila entre los 15 y 64 años de edad.


El Dr. Paolo Di Castro Stringher, quien es anatomopatólogo (estudia e identifica las lesiones en células, tejidos u órganos a causa de enfermedades) y jefe del departamento de Patología del Instituto Nacional de Perinatología, no duda en calificar al cáncer cérvicouterino “como un problema de salud pública, ya que cada dos horas muere en México una mujer por esta causa, y ello significa que en un día tenemos 12 fallecimientos y en un año aproximadamente 4,400. Por si fuera poco, las vidas que se pierden son, por lo general, de madres que tienen que cuidar a sus hijos o que trabajan para ayudar a sostener su hogar”. Es por esta razón que el también director del Instituto de Esterilidad y Salud Reproductiva señala que en nuestro país todavía se debe realizar un gran esfuerzo de las partes involucradas, de modo que las mujeres deben acudir a realizarse la prueba con que se detectan posibles casos de cáncer en el cuello del útero, el Papanicolau, pero además quienes se encargan de aplicar e interpretar estos exámenes deben esmerarse en contar con la preparación necesaria para brindar un servicio eficiente, sin olvidar la responsabilidad de las autoridades por efectuar campañas que mantengan bien informada a la población.


Puntualiza al respecto: “Es difícil para nosotros, como especialistas, constatar que las estadísticas presentadas durante el Congreso Mexicano de Ginecología y Obstetricia, efectuado recientemente, siguen mostrando la alta incidencia de esta enfermedad y ponen en evidencia los malos resultados de las medidas emprendidas para su control. Definitivamente, esto nos indica que se necesita un trabajo de prevención y detección más intenso y preciso”.


Células anormales
En términos generales, el cáncer se origina por una alteración en el proceso de diferenciación celular, mismo que el Dr. Di Castro Stringher explica de la siguiente manera: “En todos los órganos hay mecanismos muy complejos que limitan la población de sus células, y que están presentes desde la etapa embrionaria. Por ejemplo, cuando sufrimos un raspón o una lesión en el hígado, los tejidos afectados se regenerarán hasta recobrar la normalidad, pero nunca crecerán más de lo debido.


“Sin embargo —señala—, hay ocasiones en que esta cualidad se pierde y las células empiezan a reproducirse más de la cuenta, formando una tumoración y dando lugar a lo que conocemos como cáncer. Cabe señalar que no se trata de un solo padecimiento, sino un gran espectro que va desde los que no son muy agresivos, como el carcinoma vasocelular, que sale en la piel de la cara y no causa complicaciones, hasta las neoplasias del cerebro, mama o próstata, que pueden ser fatales.” En particular, asegura que el cáncer que genera más decesos de mujeres en México es el del cuello de la matriz o útero, que casi siempre es precedido por la infección del virus del papiloma humano (VPH). “Hasta el momento se han descubierto aproximadamente 200 tipos de este microorganismo, y de ellos hay algunos (como el 16 o el 18) que afectan a los tejidos sanos y desencadenan el surgimiento de formaciones de células anormales”, conocidas comúnmente como condilomas o verrugas genitales.


El VPH se transmite sexualmente y está tan difundido que, por ejemplo, en Estados Unidos se estima que 60% de las mujeres de 30 años han sido contagiadas en alguna ocasión. Al respecto, Di Castro Stringher recalca que esto no significa que todas las mujeres con esta familia de virus van a desarrollar cáncer, ya que se sabe que 60% de las infecciones son ocasionadas por microorganismos inofensivos (VPH de los tipos 6 o 11) y se alivian solas, además de que otro porcentaje importante logra un diagnóstico oportuno, erradicándose el problema a tiempo.
En concreto, las formaciones celulares anormales se pueden dividir en:


Displasia o no cancerosa. Los especialistas le llaman neoplasia intraepitelial cervical, y en la actualidad se le clasifica como de bajo o alto grado. Sólo afecta a la membrana que cubre al cuello de la matriz (epitelio).
Cancerosa. Es aquella que ha crecido a gran profundidad y alcanza a los vasos sanguíneos o linfáticos, a través de los cuales puede viajar hacia otros órganos (metástasis) y poner en riesgo la vida de la paciente.
La mayor ventaja que tiene la Medicina para enfrentar a este padecimiento es que su evolución es muy lenta (de 10 años o más) y puede detectarse en etapas tempranas. Por lo general, las lesiones no cancerosas tienen buen pronóstico, en tanto que las cancerosas, desafortunadamente, suelen ser fatales.


Aliados en la lucha
Siendo que la detección oportuna es el mejor método preventivo, se creó desde mediados del decenio 1990-2000 la Norma Oficial Mexicana para la prevención, detección, diagnóstico, tratamiento, control y vigilancia epidemiológica del cáncer cérvicouterino, que entre otras cosas establece los pasos a seguir para determinar si una paciente es afectada por esta enfermedad. Primeramente, el texto menciona que la mujer en edad reproductiva debe acudir cada año a un especialista para efectuar la prueba de citología cervical o Papanicolau. Esta evaluación consiste en tomar dos muestras de células, una de la región interior del cuello de la matriz, conocida como “zona de transición”, que es donde se alojan los virus con mayor frecuencia, y otra de la parte externa, el exocervix. Se recomienda que la mujer acuda a la mitad de su ciclo menstrual, sin haberse aplicado duchas vaginales, óvulos o medicamentos, y sin tener relaciones sexuales un día antes. La toma de tejido no es dolorosa.


Una vez que se obtienen las muestras se colocan sobre una laminilla de cristal (portaobjetos) y se les aplica una sustancia especial (fijador) que evita su deterioro. Luego se observan en el microscopio y, de acuerdo a patrones bien definidos y conocidos, se determina si la mujer tiene riesgo de estar infectada por el VPH o desarrolla una displasia moderada, severa o cáncer. Paolo Di Castro añade que “además del método tradicional hay actualmente un nuevo sistema que, por el momento, sólo trabajamos algunos grupos en la Ciudad de México: el Papanicolau en medio líquido. La diferencia consiste en que las muestras se depositan de inmediato en una solución y no en el portaobjetos, de modo que los tejidos se conservan mejor e incluso los químicos ayudan a buscar al virus, en caso de existir”. Empero, especifica que en todo caso la citología cervical debe ser entendida como un método “de tamizaje, es decir, sólo nos dice qué mujeres podrían desarrollar cáncer, para seguir estudiándolas con métodos más precisos. Un resultado positivo en el Papanicolau no significa que se vaya a generar alguna tumoración, pero sí nos indica que debemos realizar exámenes más precisos porque hay riesgo de tener el virus o una lesión precursora (que pudiera dar origen a cáncer)”.


A continuación, el diagnóstico positivo en la citología cervical se deberá comprobar mediante colposcopía, que consiste en analizar el cuello de la matriz con instrumento especial que amplifica las imágenes (colposcopio) y facilita la observación de lesiones. En caso de encontrar alteraciones, se debe tomar una nueva muestra de tejido (biopsia) para analizar su naturaleza y grado de evolución (examen histopatológico). Sólo hasta entonces es posible emprender el tratamiento que, básicamente, consiste en eliminar los tejidos afectados.


Dificultades
“El primer problema en México es que muchas mujeres no tienen siquiera la oportunidad de realizarse el Papanicolau, pues una es la realidad de la paciente que acude a un consultorio privado para someterse anualmente a una citología cervical, y otra es la de miles de mujeres en los Altos de Chiapas o la Sierra Tarahumara que tienen que invertir 8 horas para llegar a un centro de salud. Son estas últimas quienes se acercan al médico cuando tienen un cáncer sumamente desarrollado y es poco lo que se les puede ofrecer en cuanto a tratamiento”, enfatiza el Dr. Di Castro Stringher al preguntársele qué falla en México en el combate a este padecimiento. Así, y como ocurre en otras naciones en vías de desarrollo, la alta incidencia de cáncer del cuello del útero en nuestro país se vincula con bajos niveles culturales, pobreza, falta de acceso a servicios de salud y problemas para difundir información, ya que ésta se canaliza, por lo general, a través de medios que llegan a gente de clase media y alta.


Pero además de esto hay otras dificultades que no son tan evidentes y que contribuyen a hacer más complejo el problema. “Quienes efectuamos estas pruebas no estamos exentos de cometer errores, a los que denominamos falsos positivos cuando se diagnostica la presencia de lesiones que no existen, y falsos negativos, en caso de que la mujer tenga célula anormales y no las vemos. Estos últimos son los casos que más nos preocupan, y casi siempre ocurren por una mala toma del Papanicolau convencional”. Al respecto, el anatomopatólogo comenta que durante el decenio 1990-2000 trabajó con otros especialistas en una investigación para evaluar el proceso de la toma de muestras para citología cervical en centros privados de la Ciudad de México. “El resultado que obtuvimos fue que prácticamente 2 de cada 3 muestras estaban mal tomadas, lo cual se debe, al parecer, a que esta labor se le asigna a estudiantes o enfermeras que desconocen detalles técnicos básicos”. Los errores más comunes consistieron en que las porciones de tejido se tomaron de regiones equivocadas, además de que la manipulación de las muestras fue deficiente y permitió la muerte de las células por analizar. Asimismo, se observó que en todo este proceso no existió la intervención de un experto que indicara los errores y los corrigiera.


Al ser interrogado sobre si existen los recursos para realizar las pruebas de Papanicolau que se necesitan para cubrir a toda la población femenina en edad reproductiva, el especialista contesta: “Probablemente no. De acuerdo con la norma mexicana de detección del cáncer cérvicouterino que hemos citado, un citotecnólogo o persona entrenada para detectar células anormales en el microscopio, analiza por turno un poco más de 40 muestras. Trabajando doble jornada hablamos de cerca de 80. Un cálculo veloz nos mostraría que no tenemos la capacidad humana para manejar tal volumen de estudios a nivel nacional”. Por ello, acota que probablemente ésa es la razón por la que la norma correspondiente sugiere que las mujeres con dos citologías cervicales con resultado negativo, efectuadas en años consecutivos, se realicen la prueba de Papanicolau cada tres años, a fin de que la capacidad instalada para hacer pruebas no se vea rebasada.


Sin embargo, este tema obliga al Dr. Di Castro a reflexionar sobre otro aspecto importante: el entrenamiento de las personas encargadas de analizar las muestras de células. “La labor de estos especialistas requiere educación continua, que por desgracia no siempre se lleva a cabo o no da los resultados deseados. Hubo un estudio hace algunos años, publicado por la revista Salud Pública de México , en que se revela que un grupo de citotecnólogos fue sometido a examen sobre sus capacidades, y gran cantidad de ellos reprobó. Se les dio un curso de actualización y, al hacerles una nueva evaluación, un número muy importante volvió a reprobar”.


Además de esto, menciona que muchos microscopios en instituciones de salud pública pueden estar en malas condiciones, y ello entorpece la obtención de resultados fidedignos. Otro tanto habría que decir respecto a la colposcopía y la falta de preparación en quienes la realizan. “Ha habido muchos médicos que compran un colposcopio y no cuentan con entrenamiento en un sitio calificado, pues sólo toman un curso de un mes. De ahí que en ocasiones se generen lesiones que no tendrían por qué darse o por diagnósticos erróneos se recurra a intervenciones agresivas e innecesarias en se extirpa el cuello de la matriz; el problema no es menor, ya que esto da origen a la formación de cicatrices en el cérvix, mismas que ocasionan infecciones recurrentes o impiden el paso del semen, imposibilitando embarazo”.


Anotaciones finales
Queda claro que para mejorar en el combate contra el cáncer cérvicouterino es necesario emprender medidas que ayuden a encauzar los esfuerzos en una misma dirección. Uno de los más importantes es la ya citada norma oficial que regula los procedimientos a seguir en cuanto a detección y prevención; empero, “no todos siguen los pasos que se aconsejan”, por lo que falta tiempo para que se divulgue y los criterios médicos se homologuen. En opinión de Di Castro Stringher, esta normatividad representa un esfuerzo serio e importante en la materia, pero considera que habría algunos aspectos en que podrían incorporarse medidas ya comprobadas que contribuirían a economizar recursos. “En México se sugiere la intervención a todo tipo de lesión que se localice en el cuello del útero, incluso si es una displasia de bajo grado, mientras que en Estados Unidos y otras naciones sólo se retiran los tejidos dañados en caso de lesión de alto grado. Esto se basa en que, como he mencionado, hay muchas infecciones por papilomavirus que no van a desarrollarse hasta convertirse en cáncer, de modo que se alivian por sí solas y no hay que invertir esfuerzos en ellas”.


El futuro en el tratamiento y prevención del cáncer del cuello de la matriz es prometedor, ya que los métodos de diagnóstico están mejorando continuamente y se trabaja en vacunas que permitirán considerable disminución del problema en 30 o 50 años. Sin embargo, es importante subrayar que estos avances tecnológicos no lograrán su objetivo si antes no se atienden problemas como los ya citados, en los que cada parte debe asumir su responsabilidad. Por ello, el Dr. Paolo Di Castro concluye: “Es triste que continúe la desinformación, pero también que nuestras autoridades contribuyan a crear confusión. Hace tiempo hubo un anuncio del Instituto Nacional de la Mujer que decía: ‘si tienes infección de papilomavirus, te va a dar cáncer', y no es verdad; no hay necesidad de crear tal alarma para llegar a una solución real”.


Fuente: saludymedicinas.com.mx

 



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