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Por Regina Reyna


Como puede verse, resulta trascendental en el proceso reproductivo de la mujer, pero en muchas ocasiones puede verse afectado y con ello derivar en problemas de gran seriedad. A continuación presentamos los daños más comunes a los que está expuesto el cuello del útero, y sus posibles soluciones:

Cervicitis. Sencillamente se explica como la inflamación del cuello del útero causada por bacterias (estafilococos y estreptococos) o por haber padecido infecciones de transmisión sexual, como gonorrea, clamidia, tricomonas o virus del papiloma humano; es muy común, afecta a más de la mitad de las mujeres en algún momento de su vida adulta y no reviste mayor importancia; se caracteriza por dolor en el bajo vientre y por generar bastante flujo amarillo-verdoso. De no atenderse a tiempo y tratarse, mediante antibióticos, puede extenderse hacia las trompas de Falopio provocando su obstrucción.

Ectoprión. Lesión del cuello uterino caracterizado por salida de la mucosa interna. Tiene la apariencia de una úlcera y es muy frecuente en la mujer en edad fértil y en embarazadas a causa de la acción de hormonas femeninas (principalmente estrógenos), pero tras la menopausia (última menstruación) vuelve a su normalidad. Está lesión es curable al cien por ciento, pero se debe de llevar un control y seguimiento por el ginecólogo, ya que de persistir puede ocasionar lesiones crónicas y terminar en cáncer cervicouterino.

Ulceración cervical. El tejido del interior del canal cervical o alrededor del orificio puede infectarse, tomar color rojo y textura granular dando apariencia erosionada e inflamada. La causa puede ser una relación sexual violenta, la inadecuada inserción de un tampón u otro objeto, o por infección (vaginal o de transmisión sexual) y a veces por sustancias químicas (cremas o espumas anticonceptivas espermaticidas).

Pólipos. Son crecimientos pequeños y frágiles en forma de proyectil originados en la superficie mucosa del cuello uterino; son relativamente comunes en las mujeres mayores de 20 años de edad que han tenido hijos. En la mayoría de los casos solamente se presenta un pólipo, aunque en ocasiones se pueden encontrar 2 ó 3. La causa aún no se ha comprendido completamente, pero con frecuencia son resultado de una infección, aunque suelen asociarse a inflamación crónica o a niveles elevados de estrógeno.

Papilomavirus. Los tejidos del útero y su cuello son altamente susceptibles al ataque de este tipo de microorganismos, de los cuales se conocen 60 variedades, siendo ocho los causantes de problemas genitales y, de éstos, dos son los más graves que pueden propiciar verrugas (también llamadas condilomas); cabe destacar que son responsables del 90% de los casos de cáncer cervicouterino, pero de detectarse estas lesiones en etapas tempranas pueden ser tratadas mediante la cauterización en frío (congelación que destruye al tejido), tratamiento láser (cirugía con luz de alta intensidad) y extirpación quirúrgica.

Cáncer. Toda la población femenina, a cualquier edad, esta expuesta a padecer cáncer o crecimiento anormal del tejido epitelial de la superficie del cuello uterino. El daño se conoce también como displasia y se cataloga en tres categorías: leve (NIC I), moderada (NIC II) y severa o carcinoma in situ (NIC III); las de menor grado llegan a desaparecer solas, mientras que las de mayor grado pueden llegar a degenerar en un tumor maligno, aunque éste se puede eliminar mediante congelación o la aplicación de rayo láser. La principal causa que desencadena esta enfermedad es el virus del papiloma humano, agente infeccioso de transmisión sexual. Igualmente se consideran factores desencadenantes inicio temprano de la actividad sexual (antes de los 15 años de edad), maternidad temprana (menos de 16 años), haber padecido sida y fumar.

Se puede presentar en mujeres a partir de los 15 años de edad, pero su mayor incidencia se encuentra entre aquellas de 30 a 50. En sus primeras fases no hay síntomas, pero es importante acudir al ginecólogo si hay uno o varios de los siguientes signos:

flujo o hemorragia vaginal persistente y sin causa                                                                                                             dolor y sangrado después de tener relaciones sexuales

Métodos de diagnóstico
Para confirmar la presencia del cáncer del cuello uterino, así como de las infecciones antes mencionadas, el ginecólogo cuenta con los siguientes exámenes pélvicos:

Papanicolau. Totalmente indoloro, este método citológico recoge un poco del tejido epitelial que cubre la vagina y el de la superficie externa e interna del cuello del útero para su estudio en laboratorio. El objetivo es detectar la presencia de hongos, bacterias, virus o células cancerígenas, así como saber el nivel de hormonas sexuales con las que cuenta la paciente y si sus ovarios están produciendo los óvulos necesarios para la fecundación.  La toma de la muestra lleva unos segundos, y es recomendada a todas las mujeres mayores de 18 años, y a las que siendo menores a esta edad tengan vida sexual activa. Igualmente, debe aplicarse a quienes se encuentran en el climaterio (periodo posterior a la menopausia, en el que se experimentan algunos cambios importantes por la disminución en la producción de hormonas femeninas) o ya la han superado, pues no resulta raro el desarrollo de cáncer después de esta etapa.

Colposcopia. También conocida como traqueloscopia. La paciente se acuesta en la cama ginecológica con los pies apoyados en unos estribos que tiene a los lados dicho soporte, de forma que facilite al médico la introducción de un espejo vaginal (espéculo) que permita la apertura de este órgano a fin de colocar un microscopio modificado llamado colposcopio, el cual visualiza los tejidos de vulva, vagina o cuello uterino mediante un monitor en el que se ven imágenes que pueden ser almacenadas en un equipo de cómputo. Si el médico identifica algún tejido fuera de lo normal, toma una muestra del mismo para que sea analizado en el laboratorio clínico, esto con el fin de obtener un diagnóstico definitivo que le permitirá determinar el tratamiento a seguir.

La colposcopia es indolora y permite la detección y diagnóstico de lesiones cancerígenas en el cuello uterino desde etapas tempranas, así como identifica alteraciones inflamatorias generadas por bacterias o virus, como el del papiloma humano, responsable de la formación de verrugas genitales y cáncer cervicouterino.

Prueba de Schiller. El médico utiliza un aplicador (hisopo) empapado en una solución con yodo, que inserta a través del espéculo, el cual tiene la cualidad de teñir las porciones normales del cuello uterino pero no a los tejidos anormales, tomando de estos últimos una muestra (biopsia) para su estudio.

Finalmente, es muy importante mencionar que aunque no debe considerarse una enfermedad, el embarazo cervical es un problema que puede llegar a presentarse en el cuello del útero. Se denomina embarazo ectópico cuando el óvulo fecundado se implanta en tejidos fuera del útero, haciendo que la placenta y el feto comiencen allí su desarrollo; ocurre con más frecuencia en las trompas de Falopio, sin embargo, también puede presentarse en ovarios, abdomen y cuello uterino; las estadísticas de incidencia de embarazos ectópicos fluctúan en 1 de cada 60 embarazos, aunque en años reciente parece que la tasa aumenta. Las causas frecuentemente se deben a trastornos que obstruyen o retardan el paso de un óvulo fecundado desde las trompas de Falopio hacia el útero, generando la irremediable pérdida del producto, y la muy seria afectación de la salud de la madre.


Como puede usted ver, la salud del cuello uterino depende en gran medida de la atención que le preste cada mujer, pues mediante sencillo examen pélvico, por lo menos anualmente, puede prevenir lesiones mayores y momentos desagradables.
Fuente: saludymedicinas.com.mx

 



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