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''Los pies son una parte del cuerpo a la que poca atención prestamos a lo largo de nuestra vida, aunque sobre ellos descansa todo nuestro peso y resisten toda nuestra actividad. Generalmente los consentimos poco y los atendemos menos... hasta que comienzan a dar molestias". El pie diabético requiere de un cuidado multidisciplinario que no debe pasar a segundo término, pues se corre el riego de la amputación de un pie o pierna. Los diabéticos somos susceptibles a que en una sencilla inflamación o herida (fisuras), se desarrollen hongos oportunistas e infecciones bacterianas.

Una ampolla por usar zapatos apretados, úlceras, hongos por humedad, se pueden convertir en un gran problema. Debido a la falta de sensibilidad, podemos dejar de sentir la herida que produce un zapato, una uña enterrada, un objeto o cuerpo extraño. Incluso podemos llegar a quemarnos los pies en la arena, caminando; al meterlos en una tina de agua caliente, o con las bolsas de agua que utilizamos para mejorar el "frío" que provoca la mala circulación en nuestros pies.


¿Como sucede esto?


La diabetes daña las arterias encargadas de conducir la sangre a las partes más distantes del cuerpo. Las piernas y pies son unas de ellas. Provoca daños a la circulación, y con ello falla la oxigenación de la sangre y el traslado de nutrientes que contrarrestan el efecto de las infecciones. Lesiona las fibras nerviosas que dan sensibilidad a todo el cuerpo. Las heridas tardan mas tiempo en cicatrizar y aumenta la posibilidad de que se infecten. Se presenta ardor, sensación de quemadura en la piel, o se pierde la sensibilidad. No hay dolor en el sitio de la herida o infección, llegando a pasar desapercibida.

 

 



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