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El diagnóstico de la diabetes trae consigo una serie de sentimientos encontrados difíciles de superar, se trata de un proceso natural que pasará con el tiempo, pero que exige entre quienes la padecen, mucha paciencia y capacidad de afrontar los sentimientos. El duelo: cinco etapas que hay que superar. La diabetes exige un cambio de vida en todos los sentidos, no sólo para la persona que la padece, sino para muchos miembros de su familia. Sin duda se trata de un trago amargo difícil de superar que comienza cuando nos preguntamos ¿Por qué a mí?. Sin duda, es una pregunta válida que cualquier persona se plantea cuando se encuentra ante una situación que sale de su control, y la primera respuesta es: Esto no me está pasando a mí, es decir, negamos nuestras circunstancias.

Esta es la primera etapa de un proceso psicológico llamado duelo , que sucede cuando nos enfrentamos a una pérdida, en este caso, esa sensación comienza porque sentimos que hemos perdido tres cosas vitales en nuestra vida: la salud y la libertad de comer lo que sea y llevar un estilo de vida “normal”. El duelo se compone de cinco fases que se suceden entre sí, la primera es la negación que se caracteriza por frases como: No estoy enfermo, cambiaron mis resultados, el doctor se equivoca o consultaré a otro médico. Incluso, puede suceder que no se desee hablar con nadie de lo sucedido, lo cual además, trae consigo aislamiento y mayor dolor.

Esta negación es un mecanismo de defensa para protegernos del dolor de sabernos enfermos, sin embargo, es un período necesario para la curación de nuestras emociones.  Las fases siguientes son difíciles de afrontar porque nos conducen hacia cambios radicales en nuestra vida: actividades distintas, compromisos nuevos e incluso una forma de percibirnos diferente, ello porque la enfermedad puede interrumpir proyectos que teníamos, aunque sólo sea temporalmente. De esta forma, de la negación a la enfermedad, pasamos a la ira y el enojo por tenerla, porque además de todo, siempre hemos sido buenas personas y es injusto que esto nos suceda.

Tal como la negación, el enojo es parte de un proceso, y por tal motivo es válido que lo sientas, pero lo malo de esta situación es que descargamos nuestra rabia con las personas que nos rodean: amigos, familiares o compañeros de trabajo. Esta fase se supera al darnos cuenta al fin, que es tan injusto que nos suceda a nosotros como a cualquier otra persona y que no nos queda más que un camino: negociar con nosotros mismos la forma en que viviremos nuestra diabetes. Esta etapa, la negociación , nos lleva a comprender que si afrontamos la enfermedad y hacemos todo lo posible por llevar a cabo las recomendaciones de su control, obtendremos algo muy preciado a cambio: nuestra salud. Así, la negociación es un pacto con nosotros mismos en donde se hacen promesas.

Pero después entramos en la etapa de la tristeza . Es lógico sentirse triste o deprimido cuando nos damos cuenta de la situación que estamos enfrentando, la cual quizá ha traído consigo gastos que no estaban contemplados que no nos permiten responder a nuestra familia como quisiéramos. Esto añade un sentimiento de culpa al no poder cumplir con la responsabilidad económica que tenemos con nuestros familiares. Es en este momento en donde todas las sensaciones sobre la enfermedad comienzan a aflorar y es muy válido que sientas ganas de llorar, aunque todos te pidan que le “eches ganas”. Las lágrimas son una forma de curar la impotencia y el dolor por la diabetes y no debes reprimirlas pues forman parte de un proceso necesario que te llevará a sanar tu espíritu.

Es necesario vivir la tristeza para pasar al nivel de la aceptación y la paz que necesitas para poner manos a la obra con tu diabetes y seguir adelante con tu vida. De esta manera, la aceptación llega por fin. Es el último proceso del duelo y se caracteriza porque ya no sentimos ni dolor, ni ira y estamos dispuestos a dar la pelea para conservar tu salud. La aceptación consiste en ver a la diabetes como una compañera inseparable que no tiene porqué detenernos en nuestras actividades y que nos ofrece la posibilidad de crecer interiormente.

Pero alcanzar esta fase también depende del tiempo que tengamos de conocer la enfermedad, nuestras creencias acerca de ella y de cómo estemos preparados para enfrentar las situaciones de tensión en nuestra vida. Aceptar la diabetes, implica modificar tu estilo de vida, hacerte responsable de tu tratamiento y conocer más a fono la enfermedad, lo que implica informarte. Estas cinco fases del proceso de duelo se viven ante diversas circunstancias, no sólo la enfermedad y no deben ser reprimidas, es más, para poder vivir el duelo y salir de él es necesario que te des tiempo de pasar cada etapa, de sentir esas emociones, de expresarlas ante otras personas y lo más importante, de llorarlas. Se vale llorar porque eres humano y la vida te sorprende y se vale llorar para sentirte liberado, reconfortado y con ganas de seguir adelante.

El duelo puede ser un período corto que dure algunas semanas o tan largo que dure años. Si tú sientes que se ha prolongado demasiado tu duelo, es válido que te acerques a un especialista, ya sea un psicólogo o un tanatólogo, recuerda que tu salud emocional será de vital importancia para conseguir el control de tu diabetes.


Referencia informativa: Velasco Sánchez Yalia. “Trago amargo de color esperanza” Diabetes Hoy, Junio-Agosto 2006; Giordani Barbabosa, Paola. “Por mi culpa, por mi culpa, ¿por mi gran culpa? Diabetes Hoy. Mayo –Junio 2005; www.radiosalut.com

 



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