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La hipertensión arterial es el factor de riesgo más importante en el desarrollo de enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal y enfermedad cerebrovascular. Debido a que se trata de una enfermedad silenciosa, muchas personas no saben que la padecen y la primera manifestación de la enfermedad puede ser un evento agudo: la crisis hipertensiva. Se le llama crisis hipertensiva al aumento excesivo de la presión arterial, que puede llevar al paciente a la muerte, por lo cual, una vez que se presenta, es necesario contar con atención médica de emergencia, pues se corre riesgo para el Sistema Nervioso Central, el cardiovascular y el renal.

Existen dos tipos de crisis hipertensiva: la denominada como “emergencia” y la de “urgencia”. La primera se refiere a un aumento excesivo de la presión con daño irreversible a órganos como el cerebro, el corazón y los riñones. La segunda, aunque también es de gran importancia, no presenta daño a los órganos, pero sí un dolor de cabeza intenso ansiedad y vómitos.

Emergencia hipertensiva: Es la elevación severa de la presión arterial, que causa disfunción potencialmente letal de algún órgano blanco, es decir, corazón, cerebro, riñones, etc., y por lo tanto exige corrección inmediata de las cifras tensionales por considerarse este factor el desencadenante de la lesión clínica.

Urgencia hipertensiva: Se trata de una elevación de la presión arterial diastólica por encima de 130 mm Hg pero sin producir disfunción aguda de órgano alguno, es decir, no hay edema pulmonar, ni trastorno renal o neurológico. Se puede tratar con fármacos sublinguales y orales, algunas veces en forma ambulatoria, es decir, sin necesitar hospitalización.


Consecuencias de una emergencia hipertensiva
La emergencia hipertensiva puede evolucionar hacia las siguientes situaciones clínicas:

Encefalopatía hipertensiva: Consiste en un trastorno neurológico desencadenado por la elevación severa y brusca de la presión arterial que se recupera completamente al controlar las cifras tensionales. Se caracteriza por disfunción cerebral, cefalea severa progresiva, alteración de la conciencia, trastornos progresivos en la visión, náusea, vómito y déficit neurológico transitorio.

Emergencia cardiovascular: El aumento de la presión arterial puede desencadenar angina o infarto agudo del miocardio, edema pulmonar o precipitar la disección aórtica.

Insuficiencia renal aguda: Se trata de un deterioro súbito de la función renal es decir, que de pronto los riñones no pueden eliminar los residuos por medio de la orina.


Bajar la presión, esperanza de vida
Cuando se presenta una emergencia o una urgencia hipertensiva, la tarea principal que deben realizar los médicos es disminuir la tensión arterial de una forma rápida pero a la vez gradual. El descenso de los niveles no debe ser logrado de forma abrupta porque en ese caso, se produce una isquemia o infarto al miocardio.

La tensión arterial debe disminuir un 30% durante las primeras 24 horas y posteriormente debe llegar a los límites normales. En caso de urgencia hipertensiva se administra por vía sublingual capsulas de medicamentos que reducen la presión de forma gradual y sin peligro para el paciente. Si se determina una emergencia hipertensiva con disfunción cerebral se reduce primero la presión diastólica a niveles de 110-100 mm Hg para no comprometer la función cerebral, generalmente se logra con unos medicamentos denominados vasodilatadores.

Signos de urgencia:

Dolor de cabeza intenso acompañado de confusión y visión borrosa
Dolor intenso en le pecho
Falta de aire
Náuseas y vómitos
Convulsiones
Falta de respuesta

Referencia Informativa: Guía de la Clínica Mayo sobre hipertensión; http://escuela.med.puc.cl; Medline Plus

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