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¿Qué es?

El estrés es la respuesta, tanto mental como física, que tenemos las personas para adaptarnos a los diversos acontecimientos que se presentan en nuestra vida. El estrés se comporta como un estímulo perturbador del equilibrio interno del individuo.

¿Cuándo aparece?

El problema aparece cuando la tensión en nuestro organismo se desborda y supera nuestra capacidad de control. Dicho de otro modo, cuando el estímulo perturbador incrementa la activación del organismo más rápidamente que su capacidad de adaptación. Tener cierto grado de tensión suele mantenernos activos, con más energía, nos ayuda a aprovechar mejor el tiempo y a hacer más de lo que nos creemos capaces. Pero cuando se desborda y sobrecarga nuestro cuerpo y nuestra mente es cuando surge el peligro y empiezan a aparecer una serie de síntomas físicos, psíquicos y conductuales.

¿Por qué surge?

Existen una serie de acontecimientos en la vida a los que todos en algún momento tenemos que enfrentarnos: enfermedades, fallecimientos de familiares, problemas económicos, crisis conyugales y separaciones, conflictos en el trabajo... Todas estas situaciones son inevitables y en la mayor parte de las personas producen estrés. Hay ocasiones en las que el origen del estrés no es la situación en sí misma, sino la percepción que hacemos de ella. Por lo tanto, lo que estresa a una persona, a otra le puede ser indiferente.

¿A quiénes afecta?

El estrés suele aparecer con más frecuencia en aquellos individuos que están insatisfechos con la vida que llevan, y no se atreven a cambiarla o poner los medios para obtener mayor satisfacción.

Síntomas

Las primeras señales de aviso suelen manifestarse en forma de síntomas físicos como:

Respiración rápida.
Ritmo cardiaco acelerado. 
Dolor de cabeza.
Insomnio.
Trastornos del apetito.
Los síntomas psíquicos y conductuales son más difíciles de identificar y tardan más en aparecer. Los más comunes son: la irritabilidad, inquietud, mala concentración, atención dispersa, disminución del rendimiento, imposibilidad para relajarse, cansancio inexplicable, etc.

¿Cómo remediarlo?

Pensar en nosotros. Lo primero que habría que hacer es concentrarnos en nosotros mismos, en lo que queremos, en cuáles son nuestros sentimientos y descubrir cuál es el estilo de vida que nos gustaría tener.

Autoanálisis. Después tendríamos que concentrarnos en nuestros pensamientos y descubrir si en nuestra mente predominan ideas o creencias de carácter negativo.

Apostar por el cambio. De ser así, deberíamos poner todo nuestro empeño en cambiarlos.

Cambio de aires

Modificar nuestros hábitos más frecuentes puede resultar difícil pero si se consigue se pueden lograr muchos beneficios: mejora de la autoestima, mayor bienestar, mejora en las relaciones con los demás y menos estrés. Para ello, hay que aprender a enfrentarse a esas situaciones que nos producen estrés, minimizar los problemas, ser realista a la hora de fijar objetivos, ponerse metas limitadas y concretas, y tomar cierta perspectiva de los acontecimientos.

Un proceso individual

La respuesta de cada uno va a ser diferente en función de la evaluación que se haga de los estímulos que nos producen estrés. El cambio tiene que ser también interior, dentro de uno mismo, aceptarnos como somos, reconocer que no somos perfectos y que podemos cometer errores, evitar que los pensamientos derrotistas y negativos aparezcan y sustituirlos por sentimientos de carácter positivo. Es aconsejable seguir una dieta equilibrada, respetar el horario de las comidas, hacer ejercicio, evitar el consumo excesivo de alcohol, tabaco, café, no forzar el ritmo de trabajo, respetar los tiempos de descanso y realizar actividades que nos ayuden a desconectar del trabajo y nos resulte agradables.

Fuente: Puleva Salud

 



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