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Se denomina presión sanguínea a la fuerza con la cual el corazón bombea la sangre a través de las arterias. Esta presión depende del volumen de sangre y la resistencia de las arterias a su paso. Las arterias de pequeño calibre limitan el flujo de sangre. En general, a mayor volumen de sangre expedida por el corazón y menor diámetro de las arterias, es más elevada la presión arterial, lo que significa que el músculo cardÍaco debe trabajar con mayor fuerza para bombear la misma cantidad de sangre.

Los médicos consideran que la presión normal en un individuo es de 120/80 mmHg, cuando las cifras son mayores a 140/90 mmHg, durante un gran período, se considera a la persona como hipertensa. Las causas por las cuales se presenta esta enfermedad se identifican en uno de cada 20 casos; cuando la razón no puede determinarse se denomina hipertensión esencial o primaria, mientras que cuando se reconoce una causa específica recibe el nombre de hipertensión secundaria.


Hipertensión primaria o esencial
La mayor parte de los casos de hipertensión corresponden a este tipo. Se cree que el 95% de los pacientes sufren hipertensión esencial, pues se desconoce la causa por la que cursan la enfermedad, esto es así porque en la gran mayoría de la gente que presenta cifras de tensión arterial elevada, es difícil encontrar exactamente qué es lo que precipita el aumento de la presión. La ciencia médica se encuentra estudiando la posibilidad de que los genes puedan ser los responsables del desarrollo del trastorno, pero se duda que puedan relacionar un defecto genético específico con la hipertensión esencial, sin embargo, se cree que ésta es el resultado de una combinación de factores relacionados con:

La dilatación y la contracción de los vasos sanguíneos
Aumento de líquido en la sangre
Producción se sustancias químicas que influyen en la forma en que funcionan las arterias y las venas
Secreción de hormonas
Volumen de sangre bombeada por el corazón
Control nervioso del sistema cardiovascular

Además existen ciertos factores de riesgo, como la herencia y el estilo de vida que desempeñan un papel muy importante en el desarrollo de la hipertensión esencial. Entre más factores de riesgo se tienen, mayor es la probabilidad de que se presente presión elevada. La raza, la edad, el sexo y los antecedentes familiares forman parte de los factores que son inmodificables. Pero la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo, el exceso de sal y grasa en la alimentación, el alcoholismo y el estrés son factores que cualquier persona puede modificar en pro de su salud y las cuales predisponen al desarrollo de hipertensión, no sólo en la edad adulta, sino también en la juventud.


Hipertensión secundaria: el signo de otra enfermedad
Se dice que una persona tiene hipertensión secundaria cuando la presión alta sí tiene una causa conocida. Es decir, se puede encontrar una enfermedad subyacente que está desencadenando el aumento de la presión arterial. Esta forma de hipertensión ocurre tan sólo en el 5% de los casos. A diferencia de la hipertensión esencial, que los médicos pueden tratar pero no curar, la hipertensión secundaria a menudo puede curarse. Una vez que se corrige la enfermedad o trastorno que la causa, la presión disminuye e incluso en muchas personas regresa a lo normal.

Entre los trastornos que pueden desencadenar el desarrollo de hipertensión están:

Enfermedad renal
Enfermedad suprarenal
Enfermedad tiroidea
Anormalidades en los vasos sanguíneos

Otras causas son el embarazo y ciertos medicamentos como los anticonceptivos orales, algunos fármacos para el resfriado, supresores del apetito y antiinflamatorios no esteroideos. Si necesitas más información, te recomendamos nuestro artículo Hipertensión arterial secundaria: síntoma de otra enfermedad que se encuentra en nuestra sección Complicaciones.

Referencia Informativa
Fuente: Departamento de Comunicación y Contenido, TodoEnSalud.org

 



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