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Mantener la masa y la fuerza muscular, a medida que avanza la edad, resulta muy beneficioso ya que esta tonicidad permite mantener la energía y la vitalidad en el envejecimiento, al tiempo que aumenta la independencia y disminuye el riesgo de fracturas, caídas u otras lesiones habituales en las personas de más de sesenta años.

Según un estudio reciente, los adultos mayores tienen que hacer más ejercicio que los adultos jóvenes para mantener el tamaño de sus músculos. Los investigadores examinaron cuánto ejercicio era necesario para mantener o incrementar la masa, el tamaño y la fuerza muscular en adultos de 20, 35, 60 y 75 años.

En la primera fase del estudio, de 16 semanas, todos los participantes hicieron tres series de ejercicios de entrenamiento de resistencia tres veces por semana. En la segunda fase, de 32 semanas, los participantes se dividieron en tres grupos: al primero se le pidió que interrumpiera por completo el entrenamiento de resistencia, al segundo se le dijo que redujera el entrenamiento a un día a la semana, y al tercero se le pidió que redujeran el entrenamiento a un día y a una serie de ejercicios de resistencia a la semana.
En los adultos jóvenes, el tamaño del músculo se mantuvo en los grupos que redujeron su entrenamiento. Este no fue el caso de los adultos mayores, cuyo tamaño muscular se redujo incluso cuando hicieron entre una y tres series de ejercicios un día a la semana.

El estudio, sugiere que los adultos mayores necesitan una dosis de mantenimiento semanal mayor que los individuos más jóvenes para mantener los incrementos en la masa muscular inducidos por el entrenamiento de resistencia.

En este sentido, recomiendan que todos los adultos incluyan ejercicios de resistencia progresivos varias veces en semana aunque, en situaciones especiales, pueden rebajar a una sesión semanal como fórmula de mantenimiento.

 
Caminar y jugar más

Desplazarse a pie siempre que sea posible, elegir las escaleras en lugar del ascensor, jugar con los nietos o realizar las tareas domésticas pueden ser suficientes para mantenerse activo, sin embargo, los mayores de 65 años pueden optar por realizar ejercicio físico sin temor a que éste pueda resultar perjudicial.

Los expertos aseguran que incluso los pacientes con enfermedades crónicas tales como: hipertensión, diabetes, artritis y algunas cardiopatías pueden hacer ejercicio con seguridad. Además, muchas de estas condiciones mejoran con el ejercicio. Sin embargo, es importante consultar al médico sobre el tipo de actividad física más idónea dependiendo de cada dolencia y comenzar el ejercicio de forma suave y paulatina incrementando poco a poco la intensidad.

Caminar, por ejemplo, es una actividad excelente para iniciarse en la práctica del ejercicio. A medida que se acostumbra a llevar una vida más activa se puede ir aumentando lentamente la intensidad del programa de ejercicio.



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