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La neofobia, que etimológicamente significa “miedo a lo nuevo”, se refiere al miedo que tienen los niños a probar alimentos nuevos, y aunque es un trastorno que afecta en la infancia también puede darse en adultos.

El niño se niega a probar nuevos alimentos continuamente, llora y siente malestar cuando se le incita a ello. No es un simple rechazo a un alimento (qué niño no lo tiene en algún momento y se niega a comer) sino una aversión extrema.

Las aversiones y preferencias alimenticias constituyen una variable de carácter individual del comportamiento alimenticio de una persona que están influidas por una compleja red de interacciones de múltiples factores, tales como la disponibilidad de alimentos, el aprendizaje condicionado, factores económicos, factores genéticos...

También hay investigaciones que señalan que los bebés nacen con un instinto protector frente a los alimentos nuevos, y por ello la mayoría muestran cierto rechazo para probarlos y necesitan su tiempo y varios intentos hasta aceptarlos. Pero hablamos de niños, con una dieta complementaria establecida.


¿Hay alguna manera de actuar sobre la neofobia?

Cómo ayudarles a probar sabores nuevos

Más que de actuar, hablemos de prevenir. Está claro que contra el componente genético no podemos actuar, pero sí hay otros factores que podemos controlar. Como las preferencias alimentarias también se aprenden a través de la experiencia con los alimentos y la comida, pueden ser modificables.

Por ello es importante dar ejemplo a los niños con los hábitos alimentarios de la familia, y aunque esto resulte más fácil llevarlo a cabo a una edad temprana, también cuando crecen pueden producirse cambios hacia un consumo de alimentos más saludables.

Nuestro ejemplo también debe pasar por probar nuevos alimentos nosotros mismos, no rechazarlos, disfrutar con las novedades, hablarles de los distintos sabores… Evidentemente, si algo no nos gusta, se puede explicar por qué (es muy salado, un sabor picante, me sienta mal…), pero hay que “experimentar” de cuando en cuando para que nos vean disfrutar con ello.

Pero los expertos señalan que cada vez es más frecuente observar niños que “se acomodan” en determinada comida, muchas veces poco saludable y en relación al poco tiempo familiar, y que crece el desinterés por incorporar comidas más nuevas, más elaboradas.

Cuando los niños incorporan nuevos alimentos, podemos intentar darle uno nuevo junto con uno conocido, incluso combinándolos. No conviene presionar al niño, pues esto puede retardar el proceso de aceptación. Quitarle importancia al rechazo puede ayudarles a ser más “valientes” otro día.

Comer debe ser una experiencia positiva, por ello no caben castigos o sobornos. Hay que divertirse comiendo, e incluso preparando la comida. Si el niño manipula los alimentos, ayuda a preparar los platos, se familiariza con ellos desde otro punto de vista y le ayudará a perder el miedo.

La neofobia es un miedo derivado en la mayoría de los casos de una dieta bastante pobre en cuanto a sabores, de modo que también hemos de procurar un menú variado. Pero, incluso antes de que se sienten en la mesa, antes de que hayan nacido, podemos acostumbrar al bebé a nuevos sabores.

Sabores nuevos desde el útero materno

Durante el embarazo y la lactancia es importante que la mamá lleve una dieta lo más variada y sana posible. En el embarazo los sabores pueden pasar al líquido amniótico y de ahí al feto.

Además, el sabor de la leche materna irá cambiando dependiendo de la alimentación, lo que ofrece al bebé la posibilidad de comenzar a identificar sabores. Por ello, los bebés amamantados son más proclives a aceptar los sabores nuevos, ya que la leche materna varía su sabor según la dieta de la madre.



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