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La valoración nutricional es aquella que permite determinar el estado de nutrición de un individuo, valorar las necesidades o requerimientos nutricionales y pronosticar los posibles riesgos de salud que pueda presentar en relación con su estado nutricional.

Al realizar esta valoración nos podemos encontrar con diversos grados de desnutrición o con un estado nutricional equilibrado o normal.

¿Cómo se lleva a cabo una valoración nutricional?
La valoración nutricional es un arte muy antiguo pero como método científico es más reciente debido al lento desarrollo del conocimiento de los componentes de la nutrición completa. Se sabe que a la vez que un suministro de comida existen unos factores internos personales que desempeñan un importante papel en la determinación del nivel de nutrición, así pues la cantidad de proteínas y energía que requiere cada individuo se ve afectada por distintos factores como son el ejercicio, la digestión, la temperatura ambiente y el metabolismo. Estos factores son inconstantes y difíciles de controlar y medir, así pues se precisa disponer de métodos de valoración del estado nutricional.

¿Qué es el peso corporal?
Es la medida de valoración nutricional más empleada, el concepto de peso se remonta a la Grecia antigua hace más de 2000 años.

Las balanzas que permiten su medición han evolucionado y hoy en día no representa ningún obstáculo el llevarlo a cabo, incluso en personas enfermas cuya movilidad sea dificultosa.

El peso, no obstante, está en función del tipo morfológico y del esqueleto del individuo, por ello es preferible, como valoración nutricional utilizar el porcentaje de cambios de peso más que el peso en sí mismo. Habitualmente una variación del 10 % del peso normal indica un cambio nutricional considerable y si la pérdida es mayor del 10 % y además se ha producido en un corto espacio de tiempo, significa que hay una alteración nutricional importante. Por lo tanto se debe calcular el peso ideal de cada persona para a partir de él calcular el porcentaje de variación de peso.

Existen varias fórmulas para calcular el peso ideal, una de ellas podría ser la siguiente:

Peso ideal = 50+ [ 3 x (T-150): 4 ]

T = talla

0 = actividad media

Ej. Persona de 170 cm de talla: 50 + [3 x (170-150): 4] = 50 + (60: 4) = 65

El porcentaje de variación con respecto al peso ideal se calcula mediante la siguiente fórmula:

% respecto al peso ideal = peso actual / peso ideal

Para hallar el porcentaje de pérdida de peso utilizaremos la fórmula que relaciona el peso habitual con el peso actual:

Pérdida de peso en %= [( peso habitual - peso actual / peso habitual] x 100

Fuente: Mujer

                                    

Los problemas de peso traen riesgos para la salud. El exceso de peso significa, concretamente, tener más grasa en el cuerpo de lo que sería saludable tener, siempre de acuerdo al tamaño y altura de cada uno. ¿Cómo se llega a tener sobrepeso o, más grave aún, a ser obeso? Con la ingesta de calorías como primer factor, y actividad física que no alcance a quemar lo que se consume. Los problemas que acarrea van, desde dificultades para respirar y dormir, hasta cansancio, dolores en el cuerpo, y otras complicaciones más graves. Por supuesto, también influye en el humor y la imagen personal. Ahora bien, el extremo opuesto es el bajo peso, que también es riesgoso, porque puede llevar a la desnutrición, es decir, la falta de nutrientes esenciales para vivir.

En torno a este tema, recientemente se publicó un estudio que asegura que tanto las personas con peso inferior al normal como aquellas con excesiva obesidad viven menos años que las que no han tenido ninguno de estos problemas.
El nuevo estudio fue publicado por investigadores de la Universidad Estatal de Portland, Oregon Health & Science University y la Universidad McGill, todas en Canadá.En realidad, en las conclusiones los autores aseguran que, si bien tanto las personas con peso insuficiente en relación a su altura como aquellas con obesidad sí presentan un mayor riesgo de muerte que quienes tienen un peso normal, también es cierto que los que poseen algunos kilos extra viven más tiempo. Es este último dato el que los científicos encuentran más sorprendente que el primero, que en definitiva era algo más sabido y estudiado.

Según señaló Maek Kaplan, coautor del trabajo, “parece ser que unos kilos demás pueden proteger efectivamente a las personas mayores de sufrir algún problema de salud”, aunque enseguida advirtió que “eso no significa que las personas en el rango de peso normal tengan que engordar”. En este sentido, recalcó que el estudio sólo analizó la mortalidad, y no la calidad de vida, lo cual es un dato más que importante. Por más que las estadísticas indiquen que quienes están levemente excedidos de peso viven más cantidad de años, no se están tomando en cuenta los riesgos que esa condición implica a lo largo de su vida. Enfermedades como diabetes, hipertensión, colesterol alto, problemas de corazón, y presión arterial alta, son complicaciones graves que también caracterizan a las personas con sobrepeso, así como el hecho de vivir más tiempo.

“Tener buena salud es más que un índice de masa corporal o el número en una escala. Está claro que las personas que eligen un estilo de vida saludable disfrutan de una mejor salud, y eso implica una buena elección de alimentos, mantenerse físicamente activo todos los días y controlar el estrés, así como la presión arterial, el colesterol y el azúcar en sangre en niveles normales”, señaló uno de los investigadores.

El estudio examinó la relación entre el índice de masa corporal y la muerte en 11.326 adultos en Canadá, durante un período de 12 años. Los investigadores encontraron que el bajo peso fue lo que mostró más alto riesgo de morir, mientras que la obesidad extrema tuvo el segundo mayor riesgo. Asimismo, aquellos con algo de sobrepeso tenían un menor riesgo de morir que los de peso normal.

El síndrome metabólico conjuga diversas enfermedades o factores de riesgo en un mismo individuo. La obesidad o la hipertensión arterial son algunas de las alteraciones que un paciente con este síndrome puede presentar.

 Lo cierto es que los especialistas han decretado 5 puntos básicos que son característicos del este síndrome. Una persona que presente un mínimo de tres de ellos ya puede ser diagnosticada como paciente de tal patología.

    El primero de estos marcadores es la obesidad obdominal. Todas aquellas personas que acumulen un exceso de grasa en la zona del abdomen son susceptibles de formar parte del grupo de personas con este síndrome. Para valorarlo no se usa el índice de masa corporal, sino que se mesura la cantidad de grasa localizada en la barriga. De esta manera, los hombres deben superar los 102 cm de volumen, mientras que las mujeres deben llegar a lo 88 cm.

   El segundo marcador en el que nos fijamos es la hipoglucemia, es decir, el exceso de niveles de glucosa en sangre, eso sí, siempre mesurado en ayunas. Toda persona que supere la cifra de 100 mg/dl está dentro del grupo de riesgo.  

   El tercer factor condicionante para padecer síndrome metabólico es el nivel de triglicéridos. Las personas que superen los 150 mg/dl se encuentran en situación de alerta.

   El colesterol HDL constituye el cuarto factor que se tiene en cuenta a la hora de valorar si se padece tal síndrome o no. Los hombres que lo tengan por debajo de 40 mg/dl y las mujeres que tengan niveles inferiores a 50mg/dl podrían padecer este síndrome

  Por último y como quinto marcador, debemos fijarnos en la presión arterial. Si los niveles son elevados, debemos tenerlo en consideración ya que el riesgo de padecer problemas cardiovasculares se verá aumentado.

Fuente:vivirmejor.es

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El estrés que supone la inseguridad económica hace que las personas que viven en países regidos por el denominado "libre mercado" sean más propensas a volverse obesas, según se desprende de un estudio británico publicado en la revista Economics and Human Biology.

Según Avner Offer, profesor de historia económica y director de la investigación,"las políticas para reducir los niveles de obesidad tienden a focalizarse en alentar a las personas a cuidarse a sí mismas, pero este estudio sugiere que la obesidad tiene causas sociales más amplias". "Los beneficios económicos de los mercados flexibles y abiertos tienen un costo en lo referente a la salud pública y personal que rara vez se tiene en cuenta", puntualiza el experto.

El equipo de Offer comparó cuatro países de habla inglesa con formas liberales de mercado (Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Australia) con siete naciones relativamente ricas de Europa que tradicionalmente cuentan con una protección social mayor (Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Noruega, España y Suecia). Y comprobó que los cuatro primeros presentaban en promedio un tercio más de obesidad, liga a la inseguridad económica.

Además, según Offer, el surgimiento y aumento de la obesidad a gran escala comenzó durante la década de 1980, lo que coincide con el auge del liberalismo de mercado en los países de habla inglesa.

Para descartar otros factores, el equipo de investigadores ha medido también el impacto de la disponibilidad de alimentos de alto contenido calórico, así como las cadenas de comida rápida y supermercados. Sus conclusiones indican que "la disponibilidad de comida rápida tiene la mitad de efecto que la inseguridad económica sobre la prevalencia de la obesidad".

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Científicos de la Universidad de Cambridge han estudiado cómo funciona la sibutramina, un fármaco antiobesidad, en el cerebro. Y han demostrado que reduce la respuesta cerebral en dos áreas del cerebro, el hipotálamo y la amígdala, importantes en el control del apetito y el comportamiento alimentario. Sus hallazgos se publican en la revista The Journal of Neuroscience. 

“Actualmente hay pocos fármacos que ayuden realmente a perder peso”, explica Paul Fletcher, coautor del estudio. “Desarrollar nuevos medicamentos es caro y arriesgado, y nuestro estudio demuestra que podemos usar imágenes cerebrales para predecir qué fármacos podrían funcionar”, añade. Los investigadores emplearon resonancia magnética funcional para medir la actividad cerebral mientras un grupo de voluntarios obesos miraba imágenes de alimentos ricos en calorías -como un pastel de chocolate- y bajos en caloría -como un plato de brócoli-. Y comprobaron que mientras de modo normal el cerebro reaccionaba con más intensidad ante los alimentos más calóricos, bajo los efectos de la sibutramina la respuesta ante el pastel de chocolate y alimentos similares se reducía tanto en el hipotálamo como en la amígdala. Además, en dos semanas de tratamiento se comprobó que estos pacientes comían menos y perdían más peso que sus compañeros, tratados con un placebo.

“Estos resultados nos recuerdan que la principal causa de la obesidad en Occidente es comer demasiado, y este comportamiento se regula a través de los circuitos cerebrales de la saciedad y la recompensa”, afirma Fletcher.

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La exposición persistente a la luz durante la noche, incluida la que generan una pantalla de ordenador o un televisor, podría conducir a un aumento de peso, según sugiere un estudio de la Universidad de Ohio (EE UU) que se publica en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Los investigadores descubrieron que los ratones expuestos a una luz débil por la noche durante ocho semanas experimentaban un aumento de masa corporal alrededor del 50 por ciento superior al de otros ratones que vivían en un ciclo normal de luz-oscuridad. Según explica Laura Fonken, directora del estudio, "aunque no existían diferencias en los niveles de actividad o el consumo diario de alimentos, los ratones que vivían con luz por la noche engordaban más que los otros". Los autores creen que la luz altera los niveles de la hormona melatonina, que participa en el metabolismo y que además podría interrumpir la expresión de los genes circadianos que ayudan a controlar el momento en el que los animales se alimentan y cuándo están activos. “El momento de comer es crítico para ganar o no ganar peso", señala Fonken.

De forma global, los resultados podrían ofrecer una explicación para la actual epidemia de obesidad que sufren los países occidentales. "La luz por la noche es un factor ambiental que podría estar contribuyendo a la obesidad por medios que las personas no esperan”, explica Randy Nelson, coautor del estudio. Los investigadores han identificado un uso prolongado del ordenador y la televisión como factores de riesgo de la obesidad.

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¿Cómo es posible que de dos personas que comparten la misma dieta occidental alta en grasas y calorías una se vuelva obesa y diabética mientras otra mantiene una figura esbelta? Es la pregunta que se ha hecho un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale (EE.UU.), que ha llegado a la conclusión de que la clave está en ciertas diferencias en el funcionamiento cerebral que se definen antes de nacer.
Según han demostrado Tamas Horvath y su equipo en experimentos con ratones , la causa de que una misma dieta no tenga los mismos efectos en el peso de diferentes sujetos reside en los centros de alimentación de una región del cerebro denominada hipotálamo. Así, en los individuos propensos a la obesidad, las señales neuronales que indican al cerebro que se ha comido suficiente y que ha llegado el momento de quemar calorías es mucho más lenta, ya que resulta inhibida por otras células. En los animales resistentes a la obesidad, por el contrario, las neuronas de la saciedad son muchos más activas y actúan más rápido. "Parece que el cableado del cerebro es determinante en la vulnerabilidad para desarrollar obesidad", explica Horvath en el último número de la revista Proceedings of the National Academy (PNAS).

Los resultados explicarían también por qué la voluntad personal no determina la obesidad. De hecho, "quienes son vulnerables a la obesidad también desarrollan una inflamación del cerebro, lo que puede justificar por qué tienen más dificultades para perder peso", concluyen los científicos.

El siguiente paso para Horvath y su equipo será analizar qué factores determinan que se consolide uno u otro funcionamiento cerebral durante el desarrollo embrionario. Y comprobar si, además de la genética, también pueden entrar en juego factores ambientales.

Según su origen, la obesidad se puede clasificar en exógena y endógena. La obesidad exógena es aquella que se debe a un exceso en la alimentación o a determinados hábitos sedentarios. En cambio, la obesidad endógena es debida a problemas endocrinos o metabólicos del individuo.

La obesidad exógena es la más común y no está causada por ninguna enfermedad del organismo, si no que está provocada por los hábitos de cada persona. Este tipo de obesidad constituye aproximadamente entre el 90 y el 95% de todos los casos de obesidad, lo que significa que la mayoría de personas que padecen obesidad no lo hacen por motivos patológicos, si no por un inadecuado régimen de alimentación o estilo de vida. En ocasiones, no se trata únicamente de que haya una alimentación excesiva, si no de que hay una falta de gasto de energía y por tanto se produce un desarreglo entre lo ingerido y lo quemado.

El estilo de vida ha cambiado drásticamente: además de comer más, se queman muchas menos calorías, y esto da como consecuencia una obesidad provocada por la conjunción de una alimentación excesiva y la falta de ejercicio.

Por su parte, la obesidad endógena está provocada por problemas endocrinos o metabólicos y es menos frecuente, pues sólo entre un 5 y un 10% de los obesos lo son debido a estas causas. Este tipo de obesidad es debida a problemas como el hipotiroidismo, el síndrome de Cushing, problemas con la insulina, la diabetes, el síndrome de ovario poliquístico o el hipogonadismo, entre otros. Dentro de las causas endógenas, es frecuente hablar de obesidad endocrina cuando cuando ésta está provocada por la disfunción de alguna glándula endocrina, como la tiroides.

Fuente:obesidad.medic-guia.com

Datos sobre la obesidad y el sobrepeso

Los últimos cálculos de la OMS indican que en 2008 había en todo el mundo:

  • Aproximadamente 1500 millones de adultos (mayores de 20 años) con sobrepeso.
  • Más de 300 millones de mujeres y unos 200 millions de hombres obesos.

Además, la OMS calcula que en 2015 habrá aproximadamente 2300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad.

En 2010 había en todo el mundo unos 43 millones de menores de 5 años con sobrepeso.

Aunque antes se consideraba un problema exclusivo de los países de altos ingresos, el sobrepeso y la obesidad están aumentando espectacularmente en los países de ingresos bajos y medios, sobre todo en el medio urbano.

¿Cómo reducir la carga de obesidad y sobrepeso?

La obesidad, el sobrepeso y las enfermedades relacionadas con ellos son en gran medida evitables.

A nivel individual, las personas pueden:

  • Lograr un equilibrio energético y un peso normal.
  • Reducir la ingesta de calorías procedentes de las grasas y cambiar del consumo de grasas saturadas al de grasas insaturadas.
  • Aumentar el consumo de frutas y verduras, legumbres, granos integrales y frutos secos.
  • Reducir la ingesta de azúcares.
  • Aumentar la actividad física (al menos 30 minutos de actividad física regular, de intensidad moderada, la mayoría de los días). Para reducir el peso puede ser necesaria una mayor actividad.

La puesta en práctica de estas recomendaciones requiere un compromiso político sostenido y la colaboración de muchos interesados, tanto públicos como privados. Los gobiernos, los asociados internacionales, la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado tienen funciones fundamentales que desempeñar en la creación de ambientes sanos y en hacer asequibles y accesibles alternativas dietéticas más saludables. Esto es especialmente importante para los sectores más vulnerables de la sociedad (los pobres y los niños), cuyas opciones con respecto a los alimentos que consumen y a los entornos en los que viven son más limitadas.

Las iniciativas de la industria alimentaria para reducir el tamaño de las raciones y el contenido de grasas, azúcares y sal de los alimentos procesados, incrementar la introducción de alternativas innovadoras, saludables y nutritivas, y reformular las actuales prácticas de mercado podrían acelerar los beneficios sanitarios en todo el mundo.

Fuente: who.int

Hay muchas causas implicadas en la aparición del problema. Aparte, de los malos hábitos de vida (mala alimentación y falta de ejercicio físico) también existen factores genéticos y orgánicos que inducen su aparición. Investigaciones recientes sugieren que, por término medio, la influencia genética contribuye en un 33 por ciento aproximadamente al peso del cuerpo, pero esta influencia puede ser mayor o menor en una persona en particular.

También pueden influir los factores socioeconómicos. Estos factores influyen fuertemente en la obesidad, sobre todo entre las mujeres. En algunos países desarrollados, la frecuencia de la obesidad es más del doble entre las mujeres de nivel socioeconómico bajo que entre las de nivel más alto. El motivo por el cual los factores socioeconómicos tienen una influencia tan poderosa sobre el peso de las mujeres no se entiende por completo, pero se sabe que las medidas contra la obesidad aumentan con el nivel social. Las mujeres que pertenecen a grupos de un nivel socioeconómico más alto tienen más tiempo y recursos para hacer dietas y ejercicios que les permiten adaptarse a estas exigencias sociales.

Y por último están los factores psicológicos, que durante un tiempo fueron considerados como una importante causa de la obesidad, se consideran actualmente como una reacción a los fuertes prejuicios y la discriminación contra las personas obesas. Uno de los tipos de trastorno emocional, la imagen negativa del cuerpo, es un problema grave para muchas mujeres jóvenes obesas. Ello conduce a una inseguridad extrema y malestar en ciertas situaciones sociales.

La acumulación del exceso de grasa debajo del diafragma y en la pared torácica puede ejercer presión en los pulmones, provocando dificultad para respirar y ahogo, incluso con un esfuerzo mínimo. La dificultad en la respiración puede interferir gravemente en el sueño, provocando la parada momentánea de la respiración (apnea del sueño), lo que causa somnolencia durante el día y otras complicaciones.

La obesidad puede causar varios problemas ortopédicos, incluyendo dolor en la zona inferior de la espalda y agravamiento de la artrosis, especialmente en las caderas, rodillas y tobillos.

Los trastornos cutáneos son particularmente frecuentes. Dado que los obesos tienen una superficie corporal escasa con relación a su peso, no pueden eliminar el calor del cuerpo de forma eficiente, por lo que sudan más que las personas delgadas. Es frecuente asimismo la tumefacción de los pies y los tobillos, causada por la acumulación a este nivel de pequeñas a moderadas cantidades de líquido (edemas).

La obesidad se clasifica en dos tipos: central o androide y periférica o imoide. La primera es la más grave y puede conllevar importantes complicaciones patológicas. La obesidad central localiza la grasa en el tronco y predispone a sufrir complicaciones metabólicas (especialmente la diabetes tipo 2 y las dislipemias). La obesidad periférica acumula el depósito de grasa de cintura para abajo y produce problemas de sobrecarga en las articulaciones.

Obesidad mórbida.

La obesidad mórbida es una de las enfermedades más características de nuestro tiempo, sobre todo por el número de complicaciones que tiene asociadas. Para tratarla es necesario el empleo de la cirugía, ya que las dietas no surten ningún tipo de efecto. Las técnicas para reducirla son de dos tipos: reseccionistas, encaminadas a inducir una mala absorción de los alimentos, o restrictivas. Las segundas son menos agresivas, ya que no precisan resecar nada; basta con reducir el tamaño del estómago para que el paciente no pueda comer. La cirugía reseccionista es la única forma de que el enfermo pierda peso en muchos casos de obesidad mórbida. Con las técnicas reductoras se producen menos efectos secundarios, pero no se pierde peso con la misma facilidad. Existen tres técnicas quirúrgicas para la obesidad mórbida: la gastroplastia vertical o técnica de Maxon, la gastroplastia con banda gástrica ajustable o el "by-pass" gástrico.

Obesidad infantil.

Entraña alteraciones endocrinometabólicas que condicionan un mayor riesgo cardiovascular en la edad adulta. Estos factores se relacionan, fundamentalmente, con la edad de inicio de la obesidad y con el tiempo de evolución. Cuando la obesidad se presenta en edades muy tempranas o cuando el tiempo que se ha estado padeciendo es prolongado, el riesgo de presentar eventos cardiovasculares en la edad adulta es también más elevado. Los médicos aconsejan que para prevenir la obesidad en los niños es bueno que la dieta sea variada y elástica, reduciendo las grasas de la bollería, pastelería y la comida industrial en general. También es fundamental que hagan ejercicio, que sean conscientes de que deben tener una alimentación sana y que no vean tanto la televisión.

Fuente: dmedicina.com

  • Las enfermedades cardiacas. Las enfermedades cardiacas son la principal causa de mortandad de mujeres y hombres en los Estados Unidos. Entre las enfermedades cardiacas se incluyen el ataque cardiaco, la insuficiencia cardiaca y la angina de pecho (dolor en el pecho ocasionado por una reducción en el flujo de sangre al corazón).

  • El derrame cerebral. En algunas ocasiones un derrame cerebral se conoce también como apoplejía o "ataque cerebral." Casi todos los derrames cerebrales son causados por un coágulo de sangre que obstruye una arteria que lleva sangre al cerebro.

  • La diabetes. Las personas con sobrepeso tienen el doble de probabilidades de desarrollar la diabetes de tipo 2 que las personas sin sobrepeso. La diabetes de tipo 2 disminuye la capacidad del organismo para controlar el azúcar en la sangre. Es una de las principales causas de muerte temprana, enfermedades cardiacas, enfermedades renales (de los riñones), derrame cerebral y ceguera. Si tiene diabetes de tipo 2, perder peso y ser más activa físicamente pueden ayudar a controlar sus niveles de azúcar en la sangre. También es posible que pueda reducir la cantidad de medicina que necesita.

  • El cáncer de la vesícula, seno, útero, cerviz y ovarios (en el caso de las mujeres). Los hombres con sobrepeso tienen más riesgo de desarrollar cáncer de colon, recto y próstata.

  • Las enfermedades de la vesícula o cálculos biliares. Las enfermedades de la vesícula y los cálculos biliares son más comunes si usted tiene sobrepeso. Su riesgo de sufrir estas enfermedades se incrementa a medida que aumenta de peso. Pero la pérdida de peso por sí misma, en particular la pérdida rápida de peso o de grandes cantidades de peso, en realidad puede aumentar las probabilidades de desarrollar cálculos biliares. Perder peso de forma moderada y lenta, aproximadamente 1 libra a la semana, hace menos probable que cause los cálculos biliares.

  • La osteoartritis (desgaste de las articulaciones). La osteoartritis es un trastorno común de las articulaciones que afecta con mayor frecuencia las articulaciones de las rodillas, cadera y parte baja de la espalda. El peso adicional añade más presión a estas articulaciones y desgasta los cartílagos (el tejido que envuelve las articulaciones) que normalmente las protegen. La pérdida de peso puede aliviar los síntomas de la osteoartritis.

  • La gota (dolor en las articulaciones ocasionado por un exceso de ácido úrico). La gota es una enfermedad de las articulaciones causada por altos niveles de ácido úrico en la sangre. Algunas veces el ácido úrico forma cristales que se depositan en las articulaciones. La gota es más común en personas con sobrepeso. Si tiene antecedentes de gota, consulte con su doctor antes de intentar perder peso. Algunas dietas pueden provocar un ataque de gota en personas que tienen altos niveles de ácido úrico o que tuvieron gota en el pasado.

  • Los problemas respiratorios, incluyendo apnea del sueño (respiración entrecortada mientras duerme). La apnea del sueño es una condición grave que puede ocasionar que una persona deje de respirar durante cortos períodos mientras duerme y que ronque mucho. También puede causar somnolencia durante el día e incluso insuficiencia cardiaca. El riesgo de tener apnea del sueño aumenta con pesos corporales mayores. La pérdida de peso normalmente mejora este padecimiento.

Fuente:copacabanarunners.net

Sin embargo, lo más probable es que el efecto sea justo el contrario ya que, hoy por hoy, es mucho más barato comprar (y consumir) alimentos con alto contenido calórico y bajo valor nutricional, que aquellos que son frescos y nutricionalmente más sanos y equilibrados. Eso sin contar con que, para algunos, comer en exceso representa el 'emoliente' que nos alivia, aunque sea temporal y ficticiamente, de las preocupaciones añadidas que conlleva la actual incertidumbre económica.

Admitiendo pues que el poder adquisitivo y/o la educación están relacionados íntimamente con la obesidad, el reto con el que nos enfrentamos es cómo utilizar este conocimiento para el beneficio de la sociedad.

Para esto hemos de identificar primero la raíz del problema: ¿Es la obesidad el resultado de la falta de recursos económicos, o de la falta de una educación apropiada (incluyendo por supuesto, la educación nutricional)? Esta disyuntiva no es fácil de resolver dada la estrecha unión entre ambas. Sin embargo, la evidencia inclina la balanza hacia la importancia de la educación (o falta de la misma) como motor que nos lleva hacia el peso saludable o la obesidad.

De hecho, hemos demostrado que incluso en sujetos que están genéticamente predispuestos a la obesidad, tener una educación universitaria cancela totalmente el riesgo genético a añadir kilos en exceso. Aparte de eso, desde el punto de vista práctico, es probablemente mucho más difícil enriquecer a toda la población que educarla (aunque a largo plazo, lo segundo lleve a lo primero).

Además, es importante que esta educación se ponga en práctica en aquellos momentos en que somos más maleables, es decir durante la infancia y adolescencia. Por lo tanto, si realmente queremos prevenir la obesidad y así evitar ese futuro apocalíptico que algunos pronostican para nuestra sociedad, es esencial que se introduzcan los contenidos de Nutrición en todos los niveles: infantil, primaria y secundaria, etapas esenciales para la adquisición de hábitos saludables.

Para conseguir este objetivo es imperativo tanto educar a los futuros educadores, como incluir la enseñanza de la Nutrición en los cursos de actualización y formación permanente de los actuales profesionales de la formación.

Pero no nos olvidemos de que la responsabilidad principal sigue estando en el entorno familiar. De nuevo, las estadísticas lo han demostrado claramente. Los niños que hacen al menos una de las comidas principales de la manera tradicional, es decir 'en familia', tienen menos riesgo de obesidad, pero además gozan de una mejor salud física y mental y son mejores estudiantes. Esto nos hace pensar en el viejo proverbio chino: 'regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentaras para el resto de su vida'. Que en nuestro caso se podría traducir como 'dale a un niño de comer y lo alimentaras un día, enséñale a comer y lo harás saludable para el resto de su vida'

Fuente: elmundo.es



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