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PÉRDIDA DE AUDICIÓN
Al aumentar la edad, el debilitamiento de la función auditiva se suma a la progresiva disminución de todas las funciones sensoriales, con importantes consecuencias sobre la adaptación psicológica y social del sujeto anciano. Por consiguiente, es conveniente actuar de inmediato mediante la aplicación de un aparato acústico adecuado.
 
Una de las características más comunes del envejecimiento es una pérdida progresiva de la audición. No es fácil establecer hasta qué punto es éste un proceso fisiológico ligado al propio envejecimiento o constituye por el contrario una alteración patológica de la edad senil.

CAUSAS
Muchas son las causas que pueden provocar, con el paso de los años, un debilitamiento del oído: entre ellas cabe destacar la degeneración de los vasos que llevan la sangre al oído, así como las alteraciones tanto de las vías acústicas (nervios) como de las zonas auditivas cerebrales causadas por el envejecimiento.
Si las alteraciones seniles de la función auditiva pueden responder a distintas causas (se han identificado numerosos factores psicológicos y físicos como posibles causas), distintos son también los trastornos a través de los cuales se manifiesta la pérdida de capacidad auditiva al aumentar la edad.
Por otro lado, se ha comprobado que las mujeres en general conservan buenas facultades auditivas hasta edades más avanzadas, quizá porque, por lo menos hasta ayer, era distinta también su forma de vida. La influencia familiar es muy importante; el envejecimiento del oído es un dato genético. En torno a los cincuenta años de edad, algunos sujetos presentan ya. alteraciones del oído, que se traducen a menudo en una disminución de la capacidad de percepción de los sonidos más agudos. En su familia se observan a veces disminuciones precoces del umbral auditivo y una sensibilidad especial a los agentes traumatizantes y a los tóxicos. La capacidad auditiva puede, en efecto, verse alterada por ciertos factores adicionales: la incidencia de los zumbidos pasa del 3 % en la segunda década de edad al 4O % en las personas mayores de 60 años, aunque el zumbido no nace nesariamente asociado a la pérdida de audición.
En aproximadamente la mitad de los pacientes ancianos que sufren una pérdida de audición, es decir presbiacusia (término que deriva del griego présbys, “viejo”, del que procede también la palabra presbicia, pérdida de la visión), se observa también una hipersensibilidad a un tono de voz alto, de tal modo que un volumen de voz que sería aceptable para una persona normal se convierte en intolerable para un an ciano con presbiacusia.

CÓMO SE MANIFIESTA
La presbiacusia, aunque ineludiblemente ligada a la vejez, tiene sin embargo su origen mucho antes de la tercera edad. La percepción de los sonidos más agudos empieza en efecto a disminuir hacia los treinta años. Luego, la pérdida de audición va avanzando de forma variable, en función de múltiples causas: factores constitucionales, exposición a ruidos, alteraciones de arterioesclerosis, etcétera. En general, a los 60 años, se observan trastornos reales de la audición. Se dejan de percibir sonidos habituales, como el tic-tac del reloj, el timbre de la puerta o el teléfono; por otro lado, se experimenta gran malestar en lugares ruidosos, sobre todo cuando se quiere seguir una conversación con varios interlocutores.
Para una persona anciana resulta esencial poder cornunicarse con los demás, sobre todo con los más jóvenes: he aquí la razón por la que se aconseja el uso de un aparato acústico en cuanto se presenta el problema de la sordera.
En efecto, la principal característica de la sordera del anciano es precisamente la disminución de la capacidad de entender (aparte de la de oír) las conversaciones.
Pero no se trata sólo del envejecimiento del aparato auditivo. Se manifiesta también en el individuo anciano cierto alargamiento del tiempo necesario para recibir un mensaje verbal, entenderlo y descifrarlo, debido a un ligero deterioro de los mecanismos psicointelectivos del cerebro.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que en el adulto y en el niño se halla muy desarrollada la capacidad de lectura labial”, esto es, el reconocimiento de una palabra por el movimiento de los labios de quien la pronuncia y no únicamente por la emisión de su sonido; en el anciano, en cambio, esta capacidad se encuen tra muy disminuida, debido tanto a la pérdida de vista como al deterioro y a la mayor lentitud de los procesos psíquicos.

QUÉ HACER
• La primera medida que se ha de tomar consiste en la eventual eliminación del tapón de cera del oído externo que se observa en alrededor de un tercio de los pacientes ancianos que evidencian sordera. En ocasiones, su extracción ha permitido restablecer una capacidad auditiva aceptable y suficiente.
• El segundo paso consistirá en hacer que el anciano acepte un aparato acústico a su medida y en ofrecerle toda la asistencia y ayuda necesarias, también en lo referente a la utilización del aparato.
Las prótesis auditivas constituyen el método más eficaz de readaptación social del anciano que manifiesta cierta tendencia a aislarse incluso en familia, ante los continuos equívocos a los que le conduce su mala comprensión. Generalmente la familia sufre más a causa de tal circunstancia que el propio afectado, que a menudo no se encuentra psicológicamente preparado para llevar una prótesis auditiva.

LAS PRÓTESIS ACÚSTICAS
Los aparatos para sordos, prótesis auditivas o acústicas, han sido objeto de importantes avances. Mediante las prótesis se consigue que los sonidos lleguen al oído por vía ósea en lugar de por vía aérea. La moderna electrónica ha hecho posible el uso de transistores, con los cuales se fabrican aparatos electrónicos no sólo de excelente fidelidad, sino además tan pequefios que pueden incorporarse a gafas, patillas y pendientes, resultando prácticamente invisibles, o colocarse incluso en el conducto auditivo. No se debe pensar que la prótesis es sólo un método paliativo para mejorar la audición, ya que es también un eficaz medio terapéutico: en efecto, los estímulos sonoros tienen una influencia beneficiosa sobre el oído débil, en la medida en que aumentan la excitabilidad de los centros nerviosos, potenciando su sensibilidad, y además ejercitan la movilidad del aparato de transmisión (membranas del tímpano y cadena de huesecillos). El aparato auditivo necesita funcionar para conservar sus facultades; de lo contrario, acaba por resultar totalmente insuficiente.
Un aparato no corrige la audición como las gafas corrigen la vista: al principio, el paciente ha de usarlo durante poco tiempo cada día para acostumbrarse gradualmente y debe estar al corriente de las dificultades de adaptación con las que puede encontrarse y de las imperfecciones de la propia prótesis, con objeto de hallarse en condiciones de soportar los inconvenientes.
A tal respecto cabe recordar, por ejemplo, que el efecto que se produce cuando se usa una prótesis acústica y se trata de escuchar voces a distancia es percibir amplificados todos los demás ruidos. El resultado es comparable al que se obtiene con un magnetofón cuando se quiere grabar la conversación de un grupo de personas y se registra la molesta amplificación de ruidos como portazos o golpes de tos.
La terapia médica es mera ilusión en el caso de la pérdida de audición. Sin embargo, todos los procedimientos terapéuticos que mejoran el estado general y la vascularización cerebral son beneficiosos, no ya tanto para el oído, como (y mucho más) para lios mecanismos centrales de comprensión de la palabra.
Por consiguiente, es necesario convencer a la persona anciana para que use precozmente la prótesis acústica, dado que sus facultades psíquicas de adaptación a un ambiente acústico modificado se hallan aún intactas.



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