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Mucha gente piensa que la obesidad es una enfermedad que no se puede presentar en los niños. Para muchas madres es normal ver que sus hijos tienen exceso de peso porque lo asocian con una mejor salud, en cuanto a que no se ven débiles y sí más fuertes. Entonces, creen que cuando cumplan 12, 13 o 14 años darán el famoso “estirón”, durante el cual aumentará su estatura y la grasa y el sobrepeso desaparecerán. ¿Tú piensas lo mismo? No está de más que continúes leyendo.


Niños obesos = obesidad en la edad adulta
A medida que pasa el tiempo y los patrones de alimentación y actividad física se modifican, en el sentido de que ha aparecido la comida rápida, las raciones de comida son mucho más grandes y los juegos infantiles y las caminatas a la escuela ya no son tan comunes, un bebé gordo tiene ahora mayores posibilidades de ser un niño y un adulto obesos.

Y no sólo eso, durante la infancia la obesidad tiene consecuencias físicas y emocionales importantes. Por ejemplo, hay niños con sobrepeso que a los 10 años comienzan a tener problemas de colesterol alto, de circulación y por ende del corazón. Asimismo su fuerza y habilidades motrices se ven disminuidas.


La obesidad infantil: una situación alarmante
Anteriormente, enfermedades crónicas como diabetes u obesidad eran exclusivas de los adultos; sin embargo, a partir de la década de 1990 los niños se han convertido en el grupo más vulnerable frente a dichos padecimientos. En México, y de acuerdo con cifras del Centro de Investigaciones en Nutrición y Salud, tan sólo en el año 2000 el 20% de niños en edad escolar tenían sobrepeso y obesidad. En la actualidad esa tasa se duplicó al 40%. Y estamos hablando de una cuestión muy crítica en el sentido de que esos niños con exceso de peso son candidatos a que en la edad adulta sufran de un infarto al corazón, sean hipertensos o tengan diabetes, padezcan afecciones ortopédicas e incluso alguna amputación.


¿Por qué mi hijo es “gordito”?
Hoy, tu niño puede ser más propenso a la obesidad porque a diferencia del pasado, es probable que no corra, no tenga juegos en los que realice ejercicio físico, y quizá descuides su alimentación.

Además, existen otros factores que la detonan. Analicemos de qué se trata:

LOS CULTURALES:

Mi hijo está saludable porque es gordito: siempre se ha pensado que un bebé gordo está bien nutrido y fuerte, con menos posibilidades de enfermarse que uno delgado.
Soy una buena madre porque alimento bien a mi bebé: para nuestra cultura una buena manera de ser una excelente madre es tener a un hijo bien alimentado y gordito, lo que llega a producir hasta orgullo.
No creo que mi hijo tenga unos kilos de más: seguramente piensas que tu pequeño tiene un peso normal cuando las tablas pediátricas indican lo contrario. Por lo tanto, no tomas las medidas adecuadas para combatir ese exceso de peso.
No come nada: que en realidad no es que no coma nada, sino que el niño no come todo lo que te gustaría que consumiera.
La comida es una obligación, y puede ser un premio o un castigo: esta situación anula la capacidad en tu hijo de saber cuándo está lleno y no necesita comer más, o cuándo no tiene hambre.

LOS GENÉTICOS:

Si fui gordito mi hijo también lo será: se ha descubierto que una de las características físicas que heredamos es la obesidad. Así, un niño con un padre o madre obesos tiene mayores posibilidades de tener exceso de peso.
Tuve exceso de peso durante mi embarazo: saber si las madres presentan obesidad durante los tres primeros meses de gestación es crucial para predecir si el bebé tendrá tendencia a la obesidad durante la infancia.
Me dio diabetes gestacional: la consecuencia de esta enfermedad sobre el feto es que toda el azúcar o glucosa queda en la sangre y pasa directamente a él, haciendo que engorde excesivamente. Este exceso de peso al nacer más adelante podría convertirse en obesidad infantil.

LOS SOCIALES:

Ya no tengo tiempo: muchas mamás trabajan y por esta razón ya no le dedican cierto tiempo al hogar y a la preparación de los menús familiares, lo que repercute en la alimentación de los niños, sobre todo en qué, cuánto y cómo comen.
Lo más sencillo es darle a mi hijo comida chatarra: según la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud 2006 (ENSANUT), una de las principales causas de obesidad infantil es la comida chatarra que se vende en las escuelas.
Se la pasa viendo televisión: la Secretaria de Salud estimó que actualmente los niños pasan un promedio de cuatro horas diarias frente al televisor, jugando videojuegos o navegando en Internet, actividades que han suplido la práctica de ejercicio físico, con lo que se incrementa el riesgo de padecer sobrepeso u obesidad.


¿Cómo saber si mi hijo padece obesidad?
Es probable que creas que para saber si a un niño le sobran unos kilos basta con mirarlo. Y puede que sea cierto ya que entre mayor sea el grado de obesidad, ésta se hace más visible; sin embargo, tal vez no sepas distinguir bien el sobrepeso en tu niño. Por ello, existen diferentes métodos para medir el exceso de peso, el más utilizado es el índice de masa corporal (IMC).

El IMC pone en relación el peso con la altura para determinar si una persona es obesa, ya que conociendo sólo el peso no es suficiente. Generalmente, los niños altos pesan más que los que tienen baja estatura aunque tengan la misma cantidad de grasa. Para calcularlo hay que saber el peso en kilogramos y la altura en metros de tu hijo. Primero, tienes que multiplicar su altura por sí misma; después, dividir su peso entre la cifra que resultó de multiplicar la altura. Por ejemplo, si tu niño pesa 40 kilogramos y mide 1.22 metros, entonces los cálculos serían los siguientes: 1.22 x 1.22 = 1.48; acto siguiente: 40/1.48= 27.02. Este último dato es el IMC de tu pequeño.

Esta es una tabla que resulta una buena herramienta para conocer si tu hijo tiene exceso de peso según su IMC:

IMC GRADO DE OBESIDAD

Hasta 27         Peso normal
27 – 30           Obesidad leve
30 – 40           Obesidad moderada
Más de 40       Obesidad grave


¿Qué le puede pasar a mi hijo si es obeso?
Todos sabemos que la obesidad tiene efectos negativos sobre los adultos que la padecen: diabetes, colesterol alto, riesgo de ataques del corazón, aterosclerosis, entre otros. No obstante, es sorprendente darse cuenta de que estos padecimientos ya están presentes también en niños obesos. Veamos en qué les afecta:

Resistencia a la insulina: las células no responden a la insulina, por lo que la glucosa en la sangre no se absorbe y el nivel de azúcar sigue elevado. Este es el principio de la diabetes tipo 2.
Síndrome metabólico: se trata de una serie de anomalías que predisponen a desarrollar enfermedades del corazón y diabetes tipo 2. Si tu hijo tiene este síndrome puede presentar: obesidad abdominal, colesterol alto, triglicéridos elevados, hipertensión arterial, intolerancia a la glucosa.
Diabetes tipo 2: si tu niño tiene sobrepeso, tiene antecedentes de familiares diabéticos, y tú padeciste diabetes gestacional, las posibilidades de desarrollar esta enfermedad son altas.
Hígado graso: consiste en la acumulación de triglicéridos o grasas en el hígado, y puede llevar a una cirrosis.
Cálculos en la vesícula: son piedras pequeñas que se crean dentro de la vesícula porque la bilis está demasiado concentrada, y pueden obstruir el conducto por donde ésta sale, creando inflamación y dolor.
Apnea del sueño: este trastorno respiratorio impide que entre el aire normal mientras tu hijo duerme y va acompañado de ronquidos durante el sueño. La apnea puede producir hipertensión y problemas cardíacos.
Problemas ortopédicos: el exceso de peso ocasiona que sus piernas se arqueen y aumenta las posibilidades de que tenga serios problemas ortopédicos y artritis temprana.

Con esta información no buscamos alarmarte en relación con la obesidad infantil, sólo se trata de mantenerte alerta, puesto que por muchas razones la obesidad es un problema al que en muchas ocasiones no le prestamos la atención que requiere. Por lo tanto, hacemos hincapié en que si tu hijo es obeso te está indicando que tanto durante la infancia como en la edad adulta tendrá ciertos riesgos para su salud. No obstante, el exceso de peso se puede contrarrestar y prevenir si tienes la información necesaria sobre los mecanismos de esta enfermedad y sus consecuencias; así como llevando a cabo un cambio en el estilo de vida en cuanto a la alimentación y actividad física de tu pequeño.


Referencia informativa: González, C. y Alcañiz, L. “Gordito no significa saludable”, México, Editorial Grijalbo, 2007; www.eluniversal.com.mx
Fuente: Departamento de Comunicación y Contenido, TodoEnSalud.org


 



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