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Las personas con diabetes tienen 25 veces más probabilidades de ceguera que una persona que no padece la enfermedad. Se estima que cada año 25 mil personas en Estados Unidos, pierden la vista a causa de trastornos relacionados con la diabetes, como glaucoma, cataratas, neuropatía óptica y retinopatía. Esta última constituye la complicación visual más importante en los pacientes diabéticos y es causa significativa de ceguera entre personas de 20 a 64 años de edad.


El ojo, hacedor de imágenes


Los ojos y el maravilloso sentido la vista nos ayudan a realizar diversas tareas cotidianas que se nos complicarían si no pudiéramos ver. Así, nuestros ojos son una herramienta necesaria. Uno de los componentes más importantes de este órgano es la retina: una capa sensorial que capta la luz que se convierte en imágenes dentro de nuestro cerebro. La retina es la parte del ojo que se encarga de percibir la luz del exterior y generar impulsos eléctricos a partir de fenómenos fotoquímicos, modula y conduce estos impulsos al cerebro a través del nervio óptico lo que da como resultado lo que vemos. Gracias a la retina la luz que capta nuestro ojo se convierte en imagen.

Para que este proceso se lleve a cabo, el ojo cuenta con varias terminales nerviosas y pequeñas arterias que transportan sangre hasta él; sin embargo, cuando estos vasos sanguíneos se debilitan pueden dejar salir líquido o sangre, formar ramas frágiles en forma de cepillo, y agrandarse en ciertos lugares. Si la sangre o líquido que sale de los vasos lesiona o forma tejidos fibrosos en la retina, la imagen enviada al cerebro se hace borrosa pues la retina no puede captar la luz.


Retinopatía, daño irreversible


La retinopatía diabética es una complicación de la diabetes, causada por el deterioro de los vasos sanguíneos que irrigan a los ojos. El daño en estos conductos da como resultado una fuga de fluido o sangre y que se formen conductos frágiles e irregulares y tejidos fibrosos. Esto puede distorsionar o tornar borrosas las imágenes que la retina envía al cerebro. Además, la retinopatía puede producir hemorragias, disminuir la sensibilidad de la piel, y reducir la visión. Los factores que ayudan a su desarrollo y progresión son: control glucémico inadecuado, hipertensión arterial, duración de la diabetes y tabaquismo.

De hecho, los riesgos de desarrollar retinopatía diabética aumentan entre más tiempo se tenga de padecer diabetes. Alrededor del 80% de las personas que han tenido diabetes durante por lo menos 15 años, presentan algún tipo de daño en los vasos sanguíneos de la retina.


Tipos de retinopatía, fases de una misma enfermedad


La retinopatía está clasificada en proliferativa y no proliferativa:

No Proliferativa: Es la fase inicial de la enfermedad y se considera menos severa. Se produce cuando los vasos sanguíneos del ojo filtran líquido dentro de la retina, lo que puede causar visión borrosa.

Proliferativa: Es la forma avanzada de la enfermedad y se produce cuando comienzan a crecer nuevos vasos sanguíneos dentro del ojo los cuales son frágiles y pueden presentar hemorragias que deriven en cicatrización de la retina y por tanto en pérdida de la visión.
Señales de alerta y diagnóstico

En la mayoría de los casos, la retinopatía diabética no causa síntomas, por lo cual la enfermedad avanza lentamente; sin embargo, en muchas ocasiones los pacientes comienzan a percibir señales como visión nocturna deficiente, visión borrosa y ceguera temporal.

Uno de los primeros síntomas de retinopatía diabética es la visión nocturna deficiente.

Otros síntomas abarcan:

Moscas volantes
Visión borrosa
Ceguera

Sin embargo, muchas personas no presentan ningún síntoma antes de que ocurra un sangrado mayor en el ojo. Esta es la razón por la cual toda persona con diabetes debe hacerse exámenes regulares de los ojos. Aunque no es acompañada de dolor, la retinopatía proliferativa constituye una condición severa de dicha enfermedad y requiere de atención médica inmediata. El embarazo y la presión arterial elevada pueden agravar la retinopatía diabética.

Es importante que las personas con diabetes se realicen exámenes de la vista de forma periódica, con ello se puede detectar a tiempo la retinopatía y otra serie de enfermedades de los ojos como el glaucoma. Para detectar la presencia de retinopatía diabética, el oftalmólogo examina el interior del ojo usando un instrumento llamado oftalmoscopio. Es posible que sea necesario dilatar las pupilas por medio de unas gotas para los ojos. En caso de que el médico compruebe la presencia de retinopatía diabética, puede decidir tomar fotografías a colores de la retina o recurrir a una prueba especial llamada angiografía con fluoresceína para determinar si se requiere de tratamiento.


Tratamiento, frena la enfermedad, no la cura


El tratamiento de esta enfermedad en su fase no proliferativa se limita a mantener normales los niveles de glucosa en sangre, con lo que se busca impedir el daño a los vasos sanguíneos retinianos. En el caso de la retinopatía proliferativa se necesita detener el avance de las lesiones ocasionadas por la retinopatía diabética y, de ser posible, para mejorar la calidad de la vista, para ello se puede optar por:

Fotocoagulacón con láser: Se trata de la aplicación de pequeños disparos láser que impactan en la superficie de la retina buscando la coagulación de los nuevos vasos sanguíneos que se forman en la retina. Este tratamiento frena la enfermedad pero no la cura, pues el daño retiniano no es reversible.

Vitrectomía: Las complicaciones más severas de la retinopatía diabética son el desprendimiento de la retina y las hemorragias dentro del vítreo. La vitrectomía es una microcirugía que permite retirar los residuos del vítreo y las tracciones que se desprenden de la retina. A través de la vitrectomia, el cirujano extrae el humor vítreo lleno de sangre y lo reemplaza con una solución transparente.

Más vale prevenir

La diabetes es una enfermedad silenciosa que de no ser controlada afecta muchos órganos del cuerpo. Mantener a raya este trastorno es una forma de prevenir sus complicaciones, pero además en importante realizarse exámenes periódicos. En el caso del ojo, es determinante una revisión oftalmológica una vez al año a partir de del diagnóstico de la diabetes. Si ya se detectó retinopatía, los exámenes deben realizarse una vez cada cuatro o seis meses. Pero ante cualquier cambio en la visión es importante acudir con el médico.


Referencia informativa: Velasco Fuentes, I. “Ojos para sentir, corazón para controlar” Diabetes hoy, Volumen 15, Edición especial de complicaciones; Martínez Castro, F. “Ojitos pajaritos”. Diabetes Hoy, Volumen 14, No. 16; www.tuotromedico.com; Medline Plus
Departamento de Comunicación y Contenido; TodoEnSalud

 



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