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El vértigo es un síntoma, no una enfermedad, que se define como "una sensación anormal de movimiento rotatorio asociada a dificultades en el equilibrio, la marcha y la relación con el entorno". Con frecuencia la sensación del paciente es de giro o de rotación ("todo me da vueltas"), pero otras veces es una sensación de caída al vacío, de volteo, de oscilación o de que se mueve el suelo.

Para la coordinación del movimiento el cerebro recibe información a través de tres vías: la visual, la del oído interno y la sensorial. Las tres se combinan en el cerebro para obtener una estimación tanto de la orientación de la cabeza y del cuerpo como del movimiento. Se percibe vértigo cuando existe un fallo en alguna de estas vías. El origen suele estar en las estructuras del oído interno, o en alguna parte dentro del sistema nervioso central; es decir, el vértigo se debe a lesiones en el oído interno que suponen el 75% de todos los vértigos, y que denominamos "vértigos periféricos", mientras que el 25% restante se debe a lesiones en el sistema nervioso central, y  éstos se denominan "vértigos de origen central". A ambos nos referimos a continuación:
 

 Vértigos periféricos
 
Los más frecuentes son los tres siguientes:

1. Vértigo posicional paroxístico: es el más común de los vértigos, produciéndose sobre todo en ancianos. Suele deberse al propio envejecimiento, a infecciones del oído interno, a traumatismos, alteraciones del riego sanguíneo local del oído interno y, a veces, no tiene causa aparente. Se trata de episodios agudos de vértigo de corta duración, desencadenados por los movimientos de la cabeza, con sensación imprecisa de mareo permanente e inestabilidad para la marcha y para los giros. No suele llevar alteraciones auditivas.

2. Neuronitis vestibular: es una infección viral producida por virus del grupo Herpes. También puede aparecer en el curso de enfermedades virales tales como el sarampión o la parotiditis. 

Aparece un vértigo que progresa hasta hacerse muy intenso e incapacitante para el paciente, junto con náuseas, vómitos, desequilibrio y nistagmo.

Existe una variante de la enfermedad denominada "Síndrome de Ramsay-Hunt", con vértigos, sordera, parálisis facial, dolor de oído y erupción de vesículas en el conducto auditivo externo.

3. Enfermedad de Menière: es una enfermedad caracterizada por vértigo intenso recidivante, sordera sensorial, zumbidos de oídos, asociado a una dilatación generalizada del laberinto membranoso, una parte del oído interno que interviene en el equilibrio, debida a una excesiva acumulación del líquido que normalmente contiene. La causa de tal acumulación es desconocida. Los ataques de vértigo duran desde algunas horas hasta 24, remitiendo de forma gradual. Suele afectarse un oído, pero hasta en un 10-15% de los casos están afectados los dos.


  Vértigos centrales

Se diferencian de los periféricos por tener un comienzo y un curso insidioso, con una duración más prolongada. Los más frecuentes son:

1. Causa vascular. La falta de riego sanguíneo en las zonas del cerebro científicamente conocidas como el troncoencéfalo y el cerebelo, irrigados por las arterias vertebrales y la arteria basilar se produce por alteración de las arterias citadas. La sintomatología consiste en un vértigo acompañado de otros síntomas que demuestran un déficit del sistema nervioso central, bien sea por afectación de nervios craneales, déficits motores o sensitivos, o disfunciones del cerebelo.


2. Esclerosis múltiple. Enfermedad autoinmune, que afecta sobre todo a adultos jóvenes y que puede llevar asociados vértigos típicos de origen central.

Existen otras causas menos comunes, como los tumores troncoencefálicos o del cerebelo y las hemorragias cerebelosas causadas por hipertensión, malformaciones vasculares o la toma de anticoagulantes orales.
 


  Tratamiento

El tratamiento sintomático es similar tanto para el vértigo periférico como para el que tiene su origen central. En todo caso, la administración de medicamentos debe ser prescrita y supervisada por el médico especialista.

a) En primer lugar, reposo en cama mientras dure el ataque

b) Antivertiginosos, sólo cuando los síntomas sean intensos, ya que retrasan la compensación fisiológica del vértigo y generan efectos secundarios. Existe una gran variedad de estos fármacos, cuya utilización depende de las características del vértigo y de la enfermedad que lo origina u otras que pueda presentar el paciente. Así, algunos están especialmente indicados para pacientes que tengan enfermedad de Parkinson. En cambio, otros están precisamente contraindicados en esta enfermedad, consistiendo su acción en disminuir la excitabilidad del laberinto. Otros son utilizados para los vómitos, siendo administrados en la fase aguda por vía intramuscular o intravenosa.

c) Ansiolíticos como tratamiento coadyuvante.

d) Ejercicios de rehabilitación, como, por ejemplo, mover los ojos y la cabeza en las cuatro direcciones, giros de cabeza, En el caso del vértigo posicional benigno, es recurrente y se aconseja recomendar que se eviten las posturas del cuello y de la cabeza que pueden desencadenar el vértigo

La mayoría de los vértigos periféricos son autolimitados (suelen desaparecer con el tiempo), por lo que el tratamiento sólo ayuda a paliar los síntomas. Si se trata de vértigo central, en personas ancianas el tratamiento consiste en la observación (el cuadro puede progresar), tratamiento sintomático, que radica fundamentalmente en el reposo en la cama, el alivio de los vómitos y es conveniente administrar medicación antiagregante si no existe contraindicación para ello.

En las otras causas de vértigo central, tales como enfermedades desmielinizantes, tumores, etc., el tratamiento será etiológico, es decir, de la causa subyacente, teniendo exclusivamente como apoyo el tratamiento sintomático.



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