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Los vasodilatadores directos son medicamentos muy potentes para bajar la presión arterial. Se utilizan principalmente en casos muy difíciles en los que no se responde a otros medicamentos. Su efecto farmacológico reside en la acción directa sobre los músculos vasculares de las paredes de las arterias, evitando que se tensen y se contraigan. Con esta acción permiten el libre paso de la sangre, con lo cual la presión baja.

Los vasodilatadores directos usados en la práctica clínica son la hidralazina y minoxidil en tratamientos crónicos y el nitroprusiato como fármaco de elección en las crisis hipertensivas. En la actualidad estos fármacos, salvo el nitroprusiato, son de uso infrecuente debido a sus efectos secundarios que hacen considerar a estos medicamentos como no recomendados para el tratamiento inicial de la hipertensión arterial.


Efectos secundarios
Las reacciones adversas de los vasodilatadores directos son varias: aumento de la frecuencia cardíaca y retención de líquidos, estos dos son efectos que a la larga traen muchas consecuencias debido a que aumentan la presión de las arterias. Por ello es que algunos médicos prescriben estos fármacos con algún diurético que reduzca estos síntomas.

Otros efectos incluyen problemas gastrointestinales, mareos, dolores de cabeza, congestión nasal, inflamación de las encías y la formación de vello en todo el cuerpo. Siendo medicamentos tan fuertes, no se recomiendan en pacientes con arteriopatía coronaria, por otro lado, al tomarlos, debido a los mareos que cusan es necesario que los pacientes se abstengan de realizar diversas actividades como conducir un auto. La hidralazina en dosis elevadas o prolongadas aumenta el riesgo de desarrollar un padecimiento llamado lupus, el cual afecta el tejido conjuntivo.


Medicamentos de urgencia
Si la presión arterial se eleva a cifras peligrosas es necesario que se reduzca rápidamente para evitar un daño severo a los órganos e incluso la muerte del paciente. El ataque cardíaco, la insuficiencia cardíaca, el accidente cerebrovascular, la ceguera repentina o la ruptura de la pared de la aorta, son ejemplos de ocasiones en las que se debe usar medicación de urgencia.

Durante eventos de estas magnitudes, los médicos administran los medicamentos por medio de inyecciones intravenosas. El objetivo es disminuir la presión arterial en un 25% en un promedio de dos horas, la razón es que si se disminuye la tensión en las arterias de manera abrupta se pueden causar trastornos severos e incluso mortales. Una vez que la presión sanguínea disminuyó en este porcentaje, se procede a la aplicación de otros fármacos que logren llegar a los niveles normales en un promedio de seis horas.


Referencia informativa: González Caamaño, Ángel. “Como vivir con hipertensión” s.p.i.; Guía de la Clínica Mayo sobre Hipertensión; medline Plus; www.cun.es

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